Miguel Vanegas Baquero y José Joaquín de la Vega comandaban la aeronave Beechcraft 1900 de matrícula HK-4709. Ambos acumulaban décadas de experiencia tanto en vuelos comerciales como ejecutivos, con recorridos por diferentes zonas del país, e incluso con destinos internacionales en su trayectoria.
Sus perfiles reflejaban una vida dedicada a volar, pero también marcada por la disciplina, la constancia y miles de horas de operación en rutas complejas, lo que los había convertido en profesionales reconocidos dentro del sector aéreo.
Vanegas, quien comandaba la nave, obtuvo su licencia hace 30 años (octubre de 1996) y su formación la hizo en el Aerocentro de Colombia Ltda. Las horas de vuelo de Miguel superaban las 10.000 sin registrar ningún incidente, dato que muestra la preparación en la operación aérea.
La carrera de Miguel Vanegas estuvo marcada por vuelos constantes hacia destinos como Vichada, Medellín y Leticia.

Su desempeño profesional fue descrito por sus familiares como un piloto constante y disciplinado. En 2008 (marzo) comenzó a trabajar en la empresa Searca, compañía que operaba el avión que prestaba servicio para Satena.
Lucía Cabrera, su esposa, enfatizó públicamente la trayectoria del capitán y su dedicación permanente al trabajo. Según explicó, Miguel Vanegas llevaba años sin interrumpir su actividad como piloto y mantenía una rutina estricta ligada a la seguridad y al cumplimiento de cada vuelo asignado.
Mientras que su hermano, Gabriel Vanegas, en declaraciones dadas a una cadena de radio nacional, relató que días antes del siniestro tuvo un sueño recurrente con sus hermanos, una situación que le pareció inusual y que decidió compartir con su madre. Según explicó, fueron tres noches consecutivas con el mismo sueño, aunque en ese momento no lo asoció con ningún hecho extraordinario.
El último contacto con Miguel Vanegas se dio un día antes del accidente. De acuerdo con su hermano, la conversación fue extensa y transcurrió con normalidad, sin referencias a preocupaciones relacionadas con el vuelo. Para la familia, se trataba de una jornada rutinaria dentro de la trayectoria profesional del capitán.
Gabriel Vanegas aseguró que su hermano le había manifestado que enfrentaba una carga operacional elevada debido a la cantidad de vuelos que realizaba. Indicó que, aunque cumplía con los descansos reglamentarios establecidos para los pilotos, su rutina laboral era exigente.
Miguel fue el único piloto de la familia Vanegas y, de acuerdo con su hermano, su vocación se manifestó desde niño. Gabriel relató que desde muy joven mostraba un interés constante por la aviación y coleccionaba modelos de aviones.
El copiloto

El capitán José Joaquín de la Vega viajaba copiloto. Era oriundo de Medellín. Inició su carrera como piloto en 1995 y formó parte de Aerolíneas Centrales de Colombia.
En sus redes sociales compartía imágenes de vuelos privados hacia destinos como San Andrés, Medellín y Costa Rica, mostrando su actividad constante en el sector aéreo.
De la Vega era reconocido por su experiencia en vuelos ejecutivos y rutas regionales, lo que lo convertía en un profesional habituado a distintos tipos de aeronaves y trayectos. Su perfil mostraba una vida ligada al aire y a la operación de vuelos comerciales y privados.
El copiloto superaba las 7.000, ambos dentro de los límites de servicio establecidos y sin indicios de fatiga.
Datos del avión
Según informó la Aeronáutica Civil colombiana, la aeronave siniestrada de Searca contaba con cerca de 32.000 horas de vuelo y cumplía con los estándares de aeronavegabilidad y con los protocolos de mantenimiento exigidos por la normativa colombiana.
El avión Beechcraft 1900 de matrícula HK-470 fue fabricado en 1995 con motores de 28.000 y 31.000 horas de vuelo.
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