Cúcuta (área metropolitana) terminó 2025 con unas cifras poco alentadoras en materia de mercado laboral, al compararse con 2024, porque los resultados reflejan mínimas variaciones que no son estadísticamente significativas.
De acuerdo con la directora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Piedad Urdinola, la capital de Norte de Santander registró 11,1% de desempleo en el período octubre-diciembre del año pasado, lo que representó una disminución de 0,4 puntos porcentuales (p.p.) respecto al mismo período de 2024 (11,4%).
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Además, registró una tasa de 63,6% en informalidad laboral, es decir, -0,2 p.p. en comparación con dicho trimestre de 2024 (63,8%); y un indicador de 20,5% en desocupación juvenil, lo cual reflejó un aumento de 1,3 p.p. respecto al año anterior (19,2%).
Con estos índices de desempleo general y en la población de 15 a 28 años, la zona de frontera se ubicó en el cuarto lugar de la tabla de 23 ciudades principales, mientras que, en nivel de informalidad, se posicionó en la tercera casilla.
Urdinola precisó a La Opinión que la tasa anual de desempleo para los últimos 12 meses en La Perla del Norte fue de 11,8%.
“Las actividades que más aportaron a la ocupación (período octubre-diciembre de 2025) fueron comercio y reparación de vehículos, con 2,7 puntos porcentuales; actividades artísticas, de entretenimiento, recreación y otras actividades de servicios, con 1,3 puntos; e inmobiliarias, que aportaron 0,7 puntos porcentuales”, agregó la funcionaria.
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Los sectores que perdieron puestos de trabajo fueron administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana, con un registro de -1,6 p.p.; industrias manufactureras, -0,5 p.p.; e información y comunicaciones, que tuvo una variación de -0,4 puntos.
Para la coordinadora del Observatorio Regional del Mercado del Trabajo (Ormet), Sharyn Nataly Hernández Fuentes, los indicadores de cierre de 2025 muestran un mercado laboral congelado o en ‘stand by’: no hay un deterioro fuerte, porque el desempleo y la informalidad no suben, pero tampoco hay una mejora estructural, debido a que las reducciones de las tasas son mínimas y estadísticamente débiles.
“Eso significa que hay un estancamiento en la generación de empleo de calidad. No mejoran las condiciones reales. Se evidencia alta rotación: se crean y destruyen puestos casi al mismo ritmo; no se mantienen contratados”, destacó la economista.
Hernández afirmó que Cúcuta padece una dependencia de sectores de baja productividad, que sostienen la ocupación, pero no transforman el mercado laboral ni suman tecnología e innovación, por ejemplo, el de servicios.
Respecto a la caída de plazas laborales en el sector manufacturero, el segundo empleador luego del comercio, la experta sostuvo que la situación obedece a la debilidad del aparato productivo local, especialmente en un contexto de bajo dinamismo del consumo y costos elevados.
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“Es preocupante la situación. Hay poca capacidad de absorción de mano de obra formal, justo el tipo de empleo que más necesita la ciudad. El sector sigue adelante con la informalidad”, aseguró la directora del Ormet.
Sharyn Hernández dijo que hay una mayor vulnerabilidad frente a las importaciones y el contrabando, lo cual es un factor estructural en Cúcuta, sobre todo porque “es algo que no se puede modificar, pues la frontera no se va a mover”.
Restos de 2026
Para la economista senior de DAVIbank, Valentina Guio, el país enfrentará impactos de dos eventos particulares para 2026:
- El decreto del incremento salarial del 23%. Esto afectará sectores con alta proporción de trabajadores ganando el salario mínimo, como actividades inmobiliarias, manufacturas, construcción y comercio (donde entre el 33% y 40% ganan un salario mínimo).
- La reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales, lo que representará una gran presión en los costos para los empleadores.
Guio destacó que, de cara al crecimiento económico, el mayor empleo en 2025 explica el boom del consumo privado registrado, pero, para 2026, se podría ver efectos mixtos en la contratación y la informalidad debido a la presión de costos derivada del aumento salarial y la reducción de jornada.
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