Que dos startups colombianas brillaran en el TecPrize del Tecnológico de Monterrey no fue un accidente ni una anécdota regional. Fue una señal clara de hacia dónde se está moviendo la innovación educativa en América Latina.
El anuncio se hizo durante el IFE Conference 2026, uno de los encuentros más influyentes sobre futuro del aprendizaje en la región. El primer lugar, con un premio de 30.000 dólares, fue para O-lap; el tercero, con 10.000 dólares, para HackÜ. Dos propuestas distintas, un mismo diagnóstico.
Ambas startups parten de una premisa compartida: el problema de la educación ya no es el acceso a contenidos, sino su capacidad para generar habilidades reales. Aprender, coinciden, sigue siendo costoso, poco práctico y desconectado del contexto donde se aplica.
O-lap, ganadora del primer lugar, centra su propuesta en el mundo corporativo e industrial. Su crítica apunta a la capacitación tradicional, dominada por cursos largos, formatos rígidos y aprendizajes que rara vez se reflejan en un mejor desempeño laboral.
“Muchas veces el capacitador es quien diseña el contenido, lo ejecuta, lo coordina y evalúa. Eso vuelve el aprendizaje poco práctico y muy pesado”, explica Diego Guerrero, director operativo de O-lab en México.
La plataforma busca transformar ese modelo en experiencias activas de aprendizaje. A través de simulaciones, ciclos de decisión y retroalimentación constante, los usuarios practican situaciones reales, se equivocan y desarrollan competencias aplicables directamente a su puesto de trabajo.
“La idea no es solo cumplir una capacitación normativa. Es que la persona practique, tome decisiones y entienda las consecuencias”, señala Guerrero.
El enfoque resulta especialmente relevante en sectores operativos (retail, logística, manufactura) donde los errores no son abstractos. Accidentes laborales, baja productividad y alta rotación suelen estar vinculados a brechas entre lo que se sabe y lo que realmente se necesita saber.
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El desarrollo tecnológico de O-lap es completamente propio. Un equipo interno de diseñadores y desarrolladores ha integrado inteligencia artificial generativa para crear videos, infografías, simulaciones y contenidos interactivos desde una sola plataforma.
“En un año la tecnología cambió por completo. Pero la inteligencia artificial sigue siendo una herramienta. El criterio pedagógico y el juicio profesional siguen siendo humanos”, afirma Guerrero.
Antes de implementar una solución, O-lap analiza procesos críticos, errores recurrentes y riesgos específicos junto con los equipos de capacitación de cada empresa, y luego traduce esos hallazgos en dinámicas de aprendizaje.
El premio del TEC Prize será invertido en fortalecer la plataforma y acelerar su expansión regional. O-lap opera actualmente en Colombia y México, con presencia en Estados Unidos y Chile, y planes de crecimiento en otros mercados latinoamericanos.
Hackeando el aprendizaje
El segundo lugar fue para HackÜ, una startup que aborda el aprendizaje desde una lógica radicalmente distinta. Su punto de partida fue cuestionar por qué aprender sigue siendo difícil, costoso y poco atractivo para millones de personas.
“La educación es contraintuitiva. Requiere esfuerzo, energía y tiempo, y los seres humanos estamos diseñados para postergar ese tipo de tareas”, afirma Juan Simón Salazar, cofundador de HackÜ.
Fundada en Medellín en 2019, la empresa comenzó con una plataforma web tradicional. El resultado fue limitado. “Nadie la usaba”, reconoce Salazar. El giro llegó cuando decidieron llevar el aprendizaje al canal más cotidiano de América Latina: WhatsApp.
“Si ya usan WhatsApp todos los días, ¿por qué no aprender ahí?”, recuerda. El cambio redefinió el modelo. HackÜ convirtió la mensajería instantánea en un canal educativo mediante cápsulas breves, evaluaciones, tutores automatizados y métricas en tiempo real.

“El aprendizaje deja de ser un evento aislado y se vuelve una conversación constante”, explica Salazar.
Aunque la plataforma también opera en Telegram, Microsoft Teams, Google Chat y SMS, WhatsApp sigue siendo el canal más efectivo en términos de adopción y resultados, especialmente en poblaciones operativas.
HackÜ se especializó en capacitar talento sin escritorio: empleados con alta rotación y bajo acceso a formación continua. Empresas de consumo masivo, aseguradoras, universidades y, más recientemente, minería y recursos naturales utilizan su tecnología para escalar capacitación.
Actualmente opera en más de diez países y ha impactado cerca de un millón de personas. Sus clientes acceden a métricas detalladas sobre participación, desempeño, errores frecuentes y retorno de la inversión.
“La inteligencia artificial nos ayuda a ejecutar mejor, pero no reemplaza el pensamiento crítico. Sin criterio humano, la IA no sirve”, sostiene Salazar.
El premio del TEC Prize será clave para consolidar su expansión en México, mercado prioritario después de Colombia. “Queremos crecer con equipos pequeños, sólidos y comprometidos”, señala Daniel Pascasio, country manager de HackÜ en México.
O-lap y HackÜ representan dos caminos distintos hacia un mismo objetivo: reducir la distancia entre aprender y hacer. Una apuesta por la simulación profunda; la otra por la simplicidad radical.
El reconocimiento del Tecnológico de Monterrey no solo premió innovación tecnológica. Confirmó una tendencia más amplia: la educación en América Latina empieza a rediseñarse desde la experiencia real de quienes aprenden, no desde los formatos heredados.
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