Las redes sociales siguen marcando el pulso de nuevas expresiones que, para muchos, resultan desconcertantes. En medio de un ecosistema digital que amplifica cada gesto y cada identidad emergente, en los últimos meses comenzó a circular una práctica que ha despertado curiosidad y controversia en distintas ciudades europeas
Aunque a primera vista parece un simple acto performático, detrás de esta tendencia hay motivaciones más complejas vinculadas al bienestar emocional y la construcción de identidad.
Perros invisibles toman plazas europeas
El llamado hobby dogging ha ganado notoriedad luego de que medios internacionales reportaran la presencia de personas paseando correas que parecen sostener perros inexistentes, especialmente en ciudades de Alemania.
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La impulsora de este movimiento es Barbara Gerlinger, una entrenadora de 65 años que diseña correas reforzadas con alambre para que mantengan la forma, simulando la tensión de un canino real.
Quienes participan en esta práctica no se limitan a caminar por parques o plazas. También realizan circuitos de agilidad, saltan obstáculos y simulan premiar a sus “mascotas” invisibles. En redes sociales abundan los videos que documentan estas escenas, generando tanto burlas como debates sobre los límites entre juego, expresión artística y necesidad emocional.
Para la comunidad que respalda el hobby dogging, no se trata de una simple extravagancia. Según ha explicado Gerlinger a la prensa internacional, la actividad funciona como una herramienta de concentración y una estrategia para combatir la soledad.
Al no tener un perro real que marque el ritmo, la persona debe centrarse en su postura corporal, el tono de voz y la tensión de la correa, convirtiendo el ejercicio en un entrenamiento mental.
Identidad digital y salud mental de hobby dogging
Más allá de lo llamativo, la práctica también ha sido vista como un “ensayo en seco” para quienes planean adoptar una mascota. Permite practicar rutinas de paseo y obediencia sin enfrentar gastos veterinarios o situaciones imprevistas. Incluso personas con alergias severas han encontrado en esta dinámica una forma de experimentar el vínculo simbólico con un animal.
El auge del hobby dogging coincide con la viralidad de los llamados therians, usuarios que aseguran tener una conexión espiritual o psicológica con especies no humanas y que, en algunos casos, practican “quadrobics”, desplazándose en cuatro extremidades.
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Recientemente, el grupo colombiano Morat vivió un momento de tensión en Argentina cuando una joven con identidad animal burló la seguridad en uno de sus eventos, reavivando la discusión pública sobre estas expresiones.
A diferencia de los therians, quienes practican hobby dogging mantienen su forma humana y no adoptan conductas físicas asociadas a animales, sino que interactúan con un entorno imaginario.
Sin embargo, ambas tendencias reflejan un fenómeno común: la manera en que las plataformas digitales están redefiniendo la pertenencia, la creatividad y la expresión personal en una generación que encuentra en internet un espacio para explorar nuevas identidades.
Tomado de Vanguardia