La historia que desde hace meses mezcla tribunales, comunicados, entrevistas y reacciones en redes volvió a tomar fuerza este jueves 22 de enero. En el complejo judicial de Paloquemao, en Bogotá, comenzó una nueva etapa del proceso legal que enfrenta al actor Andrés Sandoval con su expareja, la también actriz Katty Osorio. La diligencia, citada desde las 8:00 a. m., reactivó un caso que no solo se ha movido en los pasillos de la justicia, sino también en el ojo público, donde cada declaración se vuelve titular y cada giro alimenta el debate.
Según lo reportado, esta jornada marca el arranque de una fase en la que el expediente vuelve a ponerse sobre la mesa a partir de los señalamientos que Osorio ha hecho en distintas ocasiones: presunta violencia intrafamiliar, maltrato emocional y lo que ella ha descrito como “violencia vicaria”.
En términos sencillos, es una expresión que se usa para hablar de daños ejercidos “a través de terceros” dentro de conflictos de pareja, y en muchos casos esos terceros son los hijos, un punto especialmente sensible en este tipo de disputas.
Y es que el caso llega cargado de antecedentes. En 2024, Sandoval denunció a Osorio por un presunto abuso sexual infantil. Sin embargo, esa investigación fue archivada por la Fiscalía al no encontrarse evidencias que sostuvieran las acusaciones, de acuerdo con lo que informó en su momento el equipo legal de Osorio. Ese archivo, además, derivó en un cambio clave: ella recuperó la custodia de los menores.
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Como suele pasar cuando hay figuras públicas de por medio, la batalla no se ha quedado únicamente en los expedientes. En 2025, después de declaraciones de Sandoval en televisión, Osorio difundió un comunicado en el que aseguró temer por su seguridad y la de sus hijos, y afirmó que haría responsable a su expareja si algo llegaba a ocurrirles. También habló de una “campaña de desprestigio”, elevando la tensión del caso en la esfera mediática.
Del otro lado, Sandoval ha sostenido públicamente que todo esto ha golpeado su vida personal y su carrera, y que no existirían pruebas en su contra. En entrevistas citadas por medios, ha mencionado la existencia de varios procesos en curso y ha insistido en el impacto reputacional que, según su versión, lo mantiene sin tranquilidad para trabajar.
Con el inicio de esta nueva etapa, el caso vuelve a quedar bajo reflectores por dos razones: la exposición de un conflicto familiar cuando hay fama de por medio y, sobre todo, el lugar de los menores en una disputa que ya no es solo íntima, sino pública. La audiencia de hoy es el punto de partida de esa discusión otra vez, ahora con toga, expedientes… y micrófonos muy cerca.
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