Transformación de los territorios
En el marco de la Semana Mayor, el prelado insistió en que el cambio nace en el corazón del hombre y dijo que en vez de erradicar los cultivos se debe trabajar en la restitución del tejido social, buscando las causas estructurales que provocan ese fenómeno.
“Los actores armados corresponden a una consecuencia de esas injusticias sociales más profundas. No estoy de acuerdo con la violencia, pero son las causas las que se deben contrarrestar para la reconciliación de los pueblos. Esa mirada se debe ampliar”, sostuvo.
Por esa razón, reiteró que desde la Diócesis están dispuestos a sentarse para promover el diálogo con quienes están hoy inmersos en ese conflicto.
“Lo hemos hecho no por una cuestión ideológica o política, sino porque nos duele la realidad de las comunidades y la misión es construir territorios de paz. Esos diálogos pastorales hacen parte de los fieles para la conversión de las acciones que son pecados que causan mucho daño”, indicó.
En su criterio, el “corto circuito” se presenta en la manera de responder a las consecuencias y no a las causas profundas estructurales de la violencia.
“Quieren hacer política con la paz y no implementar una política de paz. Cada uno quiere poner un distintivo, pero hay que pensar en verdaderos programas para mejorar las condiciones de vida de la gente y los gobiernos tienen temporalidad, la paz no es solamente de un mandatario, sino depende de toda la comunidad”, recalcó.
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Y agregó que, a los acuerdos les falta pueblo. “Es mejor una paz imperfecta que una guerra perfecta. Todos podemos aportar un granito de arena a esos anhelos para la convivencia pacífica”, dijo el obispo.