“Mamá, papá, si me voy antes que ustedes, no lloren; mejor rían y digan: ‘ya se fue mi morenito loco’”. El mensaje quedó grabado en un video que Félix Jhoan Montero Morillo publicó en sus redes sociales. Hoy, tras el violento final de su corta vida, esas palabras resuenan entre sus familiares y amigos como una inquietante sentencia.
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Es probable que el joven no escribiera ese mensaje pensando en perder la vida por un hecho relacionado con armas de fuego. Tal vez imaginaba un accidente de tránsito, pues no era ajeno a ellos y era un reconocido amante de las motocicletas. Sin embargo, su destino no estuvo ligado al asfalto, sino a la pólvora.
Por ahora, nadie encuentra respuestas: ni las autoridades, ni su familia, ni sus amigos, ni sus vecinos. Hasta donde sabían, el joven de 21 años era trabajador, humilde, honesto y un apasionado empedernido por la velocidad.
Su partida deja un enorme vacío entre quienes lo conocieron. Sus allegados extrañarán verlo ‘picando’ la moto, haciendo trucos en su motocicleta o descargando camiones en Cenabastos. Pero, por más confuso que resulte el hecho, solo les queda aceptar lo ocurrido en la fatídica noche del miércoles, 4 de marzo.
Fue entonces cuando, antes de las 10:00 p.m., un grupo de jóvenes se reunió a conversar en la esquina de la calle 9 con avenida 4N, luego de disputar un partido de fútbol en la cancha ubicada en ese sector.
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De forma sorpresiva, la charla fue interrumpida por el ruido de una motocicleta. En ella se movilizaban dos hombres que, sin mediar palabra, abrieron fuego contra el grupo. Según relataron vecinos del lugar, dos jóvenes resultaron heridos: uno recibió un disparo en un muslo, mientras que Montero fue impactado por varios balazos que lo dejaron gravemente herido.
De inmediato lo trasladaron en una moto a un centro asistencial, pero no había nada que hacer por él. Minutos después se confirmó su muerte. Las autoridades hicieron presencia en el sitio para iniciar las indagaciones y tratar de obtener pistas sobre este nuevo crimen en la ciudad.
Félix había llegado con su familia hace algunos años a Colombia y se radicó en ese sector, donde consiguió trabajo en Cenabastos. Incluso había asumido parte de los gastos del hogar para ayudar a su mamá y a sus hermanas. “Negro”, como le decían de cariño algunos amigos, era descrito como un joven carismático, alegre y alejado de problemas o malos pasos.
Lo que más le gustaba —y no dudaba en mostrar— era su pasión por las dos ruedas, ya fueran motocicletas o bicicletas. En las calles del barrio Aeropuerto era habitual verlo junto a sus amigos realizando trucos que luego grababan para subir a redes sociales. Esos videos quedarán ahora como el legado de una vida vertiginosa, frenada de golpe por la violencia.
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