Un niño de apenas diez años quedó en medio de una escena brutal. Al borde de un caño, en la parte trasera de una vivienda del sector El Cerrito, ayudaba a varios adultos a halar una cuerda. Al otro extremo no había una pelota ni un juguete, sino el cadáver del hombre que lo vio crecer.
Se trataba de Javier Alberto Pinzón Valero, oriundo de San Antonio del Táchira (Venezuela), quien fue hallado sin vida por su familia tras un fin de semana marcado por la angustia.
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Su cuerpo fue recuperado apenas ayer, 21 de abril, en la tarde por personal funerario de Cúcuta, ya que a este sector, ubicado a unos dos kilómetros de la glorieta de la cárcel Modelo, no llegó la Policía ni los organismos de socorro.
De una forma que aún no ha sido establecida, en la tarde del lunes alguien divisó el cuerpo de Javier, tendido bocabajo, con la cabeza sumergida en el escaso caudal del caño, en una zona de difícil acceso.
Aunque no era posible ver su rostro con claridad, una persona -al parecer, una amiga- lo reconoció y avisó a su familia, que no tenía noticias de él desde el sábado en la noche, cuando hizo una llamada para contarles una desgracia.
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Ese día había comenzado a trabajar en Cúcuta por primera vez. Sin embargo, durante la jornada fue víctima de un robo, en el que le quitaron sus pertenencias, incluidas sus herramientas de trabajo.
Para sobrellevar la situación, y convencido por unos conocidos, decidió tomar unas cervezas en el parque Mercedes Ábrego. Entrada la noche, ya en estado de embriaguez, realizó una última llamada a su esposa.
En esa conversación le contó lo sucedido. Ella le pidió que regresara a casa y que luego buscarían cómo recuperar lo perdido. Sin embargo, con la terquedad que lo caracterizaba al ingerir licor, respondió que se tomaría la última cerveza y regresaría. Fue lo último que supieron de él.
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Desde entonces, las llamadas fueron constantes, pero no hubo respuesta. Su teléfono aparecía sin señal. Nadie sabe qué ocurrió ni en qué momento exacto, pero el estado de descomposición del cuerpo sugiere que la muerte se habría producido esa misma noche.
El móvil parece estar relacionado con una herida de arma blanca, propinada directamente al corazón. Posteriormente, su cuerpo fue dejado en el caño, bocabajo, sin zapatos e incluso sin la camiseta roja y negra que vestía al salir de su casa.
Aún no está claro si fue llevado hasta ese lugar para asesinarlo o si el crimen ocurrió en otro sitio y luego abandonaron el cuerpo en ese punto.
El escenario, en la parte trasera de una casa abandonada, favorece ambas hipótesis, más aún por tratarse de un sector aislado, donde la noche transcurre en medio del silencio y la ausencia de presencia institucional.
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La extracción
Tras la alerta dada el lunes en la tarde, la familia adelantó los trámites con dos funerarias: una en Venezuela, encargada de la sepultura, y otra en Cúcuta, que realizó la extracción del cuerpo.
Con botas de caucho y una cuerda, lo amarraron por los pies y lo sacaron del caño, de unos tres metros de profundidad. El estado de descomposición era avanzado, y ya se evidenciaban tejidos expuestos por la herida mortal.
Hoy se espera que su cuerpo llegue a su natal San Antonio, donde familiares y amigos le darán el último adiós a este hombre dedicado a la zapatería, padre de cuatro hijos (aunque solo dos biológicos), en otro oscuro episodio que sacude a Cúcuta.
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