Cúcuta se encuentra nuevamente en el centro de la crisis migratoria, recibiendo a una multitud de venezolanos que, en su mayoría, no cruzan la frontera por elección, sino empujados por la profunda dificultad social, económica y política que sigue golpeando a Venezuela.
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La reciente situación política en el vecino país, sumada a la inflación y a la falta de servicios básicos, viene generando un aumento progresivo en la cantidad de migrantes que cruzan hacia Colombia, muchos de ellos con la esperanza de poder regresar a su país en un futuro cercano. Sin embargo, para la mayoría, ese anhelo se enfrenta a la realidad de una situación cada vez más incierta.
Según la directora de la Maestría en Familias e investigadora del Grupo de Investigación Altos Estudios de la Frontera (ALEF) de la Universidad Simón Bolívar, Carolina Ramírez Martínez, distintas organizaciones ya se preparan para una tercera ola migratoria, entre tanto, la situación de precariedad y vulnerabilidad en la que viven muchos de los migrantes ha generado la necesidad de acciones urgentes en términos de políticas públicas.
“En las pasadas elecciones, miles de venezolanos reemigraron temporalmente desde Colombia hacia Venezuela para apoyar a los candidatos Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. Según datos del Observatorio de la Diáspora Venezolana (2023), alrededor de 20.000 personas cruzaron la frontera con la esperanza de un cambio político significativo que pudiera estabilizar la situación en su país de origen”, sostuvo la investigadora.
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El nacionalismo sigue siendo un sentimiento fuerte entre los migrantes venezolanos. Muchos manifiestan constantemente su deseo de regresar, reencontrarse y poder quedarse definitivamente en Venezuela. Esta esperanza se intensifica durante las temporadas decembrinas, donde se observa un flujo migratorio de retorno. Sin embargo, estos regresos temporales a menudo terminan en un duelo migratorio cuando los migrantes deben volver a salir debido a las condiciones económicas adversas.
Miles de personas llegan a Cúcuta con apenas lo necesario para sobrevivir, y muchos terminan atrapados en un ciclo de precariedad que hace difícil cualquier intento de establecerse de forma segura. Sobre la población en tránsito, instituciones como Migración Colombia reportaron en 2023 el registro de 287 personas en tránsito en Cúcuta, no obstante, el subregistro es evidente, teniendo en cuenta que las cifras reportadas por el grupo interagencial sobre flujos migratorios mixtos demuestran que durante el mismo período se atendieron a más de 27 mil personas migrantes caminantes o refugiadas entre Cúcuta y Bucaramanga.
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En la frontera colombovenezolana, particularmente entre Norte de Santander y el Estado Táchira, la migración se ha convertido en una realidad constante y compleja. Las fluctuaciones políticas y económicas en Venezuela han generado oleadas migratorias significativas, donde la esperanza de regresar y quedarse en el país de origen se enfrenta a una realidad de incertidumbre y tensiones.
Este contexto migratorio se ha vuelto complejo para Cúcuta y sus municipios aledaños, que observan cómo sus infraestructuras y servicios públicos, limitados ya de por sí, se ven desbordados ante la demanda.
Según cifras de Migración Colombia, se estima que en nuestra ciudad habitan cerca de 220 mil personas migrantes venezolanas con vocación de permanencia, lo que equivale al 27 % de la población total de Cúcuta para el mismo año: una relación aproximada de que, por cada 4 cucuteños, 1 es migrante o colombiano retornado, expresó en una de sus intervenciones académicas el profesor universitario William Luengas, actualmente vinculado a la Alcaldía.
Las tensiones se incrementan cuando la competencia por empleos y servicios esenciales es cada vez más intensa, y la integración social de los migrantes enfrenta resistencias debido a la presión que su llegada representa para las comunidades locales. En esta situación de tensión, las historias individuales de los migrantes muestran una mezcla de resiliencia y dolor; muchas familias venezolanas que llegan a Cúcuta buscan un lugar donde al menos puedan asegurar el pan diario, mientras que otras siguen teniendo la esperanza de que el retorno definitivo sea posible.
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