De conductor de bus, Nicolás Maduro Moros llegó a saltar al Palacio de Miraflores a conducir Venezuela como sucesor del fallecido expresidente Hugo Chávez.
El excanciller del chavismo finalmente terminó en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York, luego de la incursión militar de Estados Unidos en Caracas, el 3 de enero pasado.
Al llegarse al primer mes desde aquella incursión, son numerosas las expectativas sobre los avances y la consolidación de los procedimientos conducentes a producir un cambio sólido en la república bolivariana.
Son muchos los asuntos pendientes. Todos igualmente importantes para enderezar el rumbo del país venezolano que en su momento llegó a tener un gran poderío económico basado en su gigantesca riqueza petrolera.
En el campo político está todo por hacer. Las cadenas deben dejar de oprimir el voto libre. La oposición no puede seguir siendo reprimida, encarcelada o desaparecida por el hecho de pensar distinto.
Se esperaría entonces que el efecto de una Venezuela sin Maduro conlleve el rescate de las libertades democráticas dentro de una transición que conduzca a elecciones transparentes, sin constreñimiento y cuyos resultados sean acatados por las partes en contienda.
¿Cuándo se producirá ese nuevo debate electoral? ¿Será cuestión de meses o de años? No se sabe. Por el momento, Estados Unidos junto con los venezolanos definirán ese álgido punto.
Pero lo cierto es que la estabilidad política hace parte de la columna vertebral para edificar una Venezuela renovada, próspera y en paz.
El respeto de los derechos humanos es otro asunto de alta valía, teniendo presente la gran cantidad de presos políticos así como de ciudadanos señalados injustamente de terrorismo, espionaje o de actuar como mercenarios, entre los que figuran numerosos colombianos.
Sin que vaya a sonar a simbolismo, pero lo obvio es buscar cerrar esos centros de tortura y de detenciones ilegales, como el Helicoide, para de esa manera enviarle un mensaje a los venezolanos y al mundo de que la persecución ha terminado y que es un capítulo cerrado.
Por eso debe trabajarse en la ley de amnistía, en la clausura o transformación de esos lugares de la ignominia y en la consolidación de políticas para abolir la estigmatización y condena por cuestiones relacionadas con pensar distinto y ratificando que el derecho a la protesta y a disentir estarán plenamente garantizados.
El resurgimiento económico, en aspectos como la reactivación petrolera y para nuestro caso, la opción de llegar a aquellos tiempos en que las exportaciones colombianas a Venezuela alcanzaron más de 6.000 millones de dólares, como en 2008.
Ahora que Maduro está tras los barrotes, para Colombia y la frontera la violencia, las economías ilegales del narcotráfico y el contrabando al igual que la presencia del Eln, la disidencia y las bandas transnacionales del multicrimen constituyen el supremo problema a superar.
Para ello se requieren acciones binacionales de seguridad para combatir a lado y lado a todos los factores generadores de violencia y de esa manera recuperar territorios que hoy se encuentran bajo la influencia y control de esas estructuras delincuenciales.
La ansiedad y la expectativa persisten frente al discurrir de los acontecimientos en un país que requiere la triada de la estabilización–recuperación–transición para empezar a dejar atrás la crisis que la embarga.
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