Tantos problemas nos atormentan, que a veces unos que parecen inocuos al dejarlos por ahí sin atención, resultan convirtiéndose en un asunto incontrolable y en ejemplo irrefutable de la pérdida de autoridad.
Se trata de los piques. Quién no ha visto desde su carro o en el taxi, por los anillos viales de Cúcuta, grupos de motorizados que organizan carreras ilegales de manera descontrolada.
Como nada ni nadie les ha puesto freno, quienes los organizan creen contar con ‘patente para el desorden’ y no les importa la vida de los demás automovilistas y motorizados que son sobrepasados y cerrados por estos motociclistas desenfrenados.
Varios son los ingredientes que esta práctica va dejando. En primer lugar, la ausencia absoluta de autoridad, que es algo muy delicado y generador de un mensaje al ciudadano de que aquí cualquiera es ‘un guerrero del camino’ y puede hacer lo que desee.
Ya vimos como esa falta de amarrarse los pantalones provocó que cientos de motociclistas, entre ellos numerosos llegados de otras partes del país, se tomaran el Anillo Vial Oriental y una parte de la vía a Los Patios, dejando una estela de desorden y, repetimos, el mensaje de que aquí la ley y el orden brillan por su ausencia.
Eso que sucedió puede ser la punta del iceberg de situaciones peores que pueden ocurrir debido a que no solamente la sensación sino la real y palpable ausencia de la autoridad -por ejemplo- en esas vías perimetrales.
Sin querer ser profetas del desastre, sería muy grave que esos piques degeneraran en una tragedia en la eventualidad de provocar choques múltiples con los demás vehículos que transitan adecuadamente por esas vías.
A las alcaldías de Cúcuta, Villa del Rosario y de Los Patios, en coordinación con sus secretarías y oficinas de Tránsito les corresponde la misión, por ejemplo, de adelantar acciones para frenar esas carreras sin control.
De lógico que le corresponde jugar papel fundamental a la Policía, y ahora más teniendo de presente que ya hubo un antecedente comprobable de que los tales ‘piques’ sí existen como se confirmó con la ‘megarrodada’.
Las normas de Tránsito son claras y hay formas de multar y de inmovilizar las motocicletas por exceder la velocidad, por llevar parrillero y porque en la mayoría de estos casos, el conductor y acompañante no llevan casco.
Es decir, están agotadas las excusas para que las operaciones de esa naturaleza no se desarrollen de manera inmediata, puesto que de aquí a mañana, la situación puede llegar a ser de mayor peligrosidad.
Pero, además, la Policía igualmente puede llegar desplegar acciones de vigilancia y control, exigir documentos, comprobar antecedentes y aplicarles a quienes están en esas carreras -tanto los participantes como el público- el Código de Policía.
Seguir dejando que esas actividades que de recreativas no tienen nada, puesto que en ellas abundan el trago y las drogas en medio de la adrenalina que generan el desafío a la muerte y a la autoridad, solo ayudará a que se termine de perder la credibilidad y se mantenga por las nubes la percepción de inseguridad.
Ojalá los encargados de enfrentar este tipo de situaciones hagan algo, porque para eso la gente paga impuestos y le da la confianza a unos gobernantes, porque en caso contrario, un día de estos tendremos piques por la avenida Cero o Los Libertadores o la Diagonal Santander.