Eufórico está el Gobierno Nacional con el que consideró histórico crecimiento de la economía alcanzado el año pasado y que se situó en el 10,6%, como lo expuso el DANE. Eso es gratificante.
Sin embargo, el país no puede dormirse en los laureles porque es fundamental que ese vigoroso Producto Interno Bruto se irrigue y se refleje también en oportunidades para la masa desempleada y en informalidad, que siguen siendo dos males endémicos de nuestra economía desde antes que llegara la pandemia.
Indudablemente, uno de los ejes centrales del próximo gobierno será la política de empleo que empiece por recuperar ese 1.1 millones de puestos de trabajo, para volver –inicialmente- a los niveles de antes de la pandemia y dejar atrás la tasa de desempleo del 13,7%.
Una vez puesto ese primer escaño, se debe avanzar hacia la reducción a un dígito con planes estructurales y de choque, porque nadie aguanta que a la economía le vaya bien pero en ciudades como Cúcuta el desempleo sea de 19,4% y la informalidad de 70,5 %, mientras la pobreza en el país se haya ubicado en 42,5% en 2020.
Por algo será que el Fondo Monetario Internacional planteó que las reformas estructurales son claves para disminuir las barreras existentes para la formalización empresarial y laboral, lo cual ayudaría a reducir el desempleo estructural y a mejorar la productividad en Colombia, facilitando la creación de puestos de trabajo y llevando el empleo más cerca de los niveles anteriores a la pandemia.
Sin embargo, hay señales preocupantes emitidas por el mismo DANE, como son que el 53,3% de las personas en la capital de Norte de Santander son pobres, que un 20% está en la pobreza extrema, que 20,8% no consuma las tres comidas diarias y que de 345.000 personas empleadas en la ciudad, solamente 102.000 recibían todas sus prestaciones sociales.
Por eso, mientras llegan las soluciones macroeconómicas, lo que señalan los indicadores de deterioro social es que las acciones de emergencia no dan espera, dentro de una economía que ha recobrado su dinámica en el comercio y la industria, que fueron los motores de impulso al PIB el año pasado.
Al mismo director del DANE, Juan Daniel Oviedo, lo ronda la inquietud por la existencia de esa “brecha entre la escasa recuperación de empleo y la importante recuperación del producto”. Fedesarrollo coincidió con él al indicar que la dinámica del mercado laboral es esencial para que se recupere completamente el ingreso de los hogares.
Queda un inmenso trabajo por hacer para cumplir el reto planteado por el FMI a Colombia de garantizarles a sus habitantes un crecimiento sostenible e inclusivo, basado en la generación de empleo, el mejoramiento equitativo de las condiciones de vida y en políticas de carácter climático.
Por ello, es indispensable superar las fallas de la economía que no permiten que su buen desempeño lo sienta positivamente en el bolsillo el ciudadano de a pie en el mejoramiento de sus condiciones de vida, aspecto que tiene que ver con cuestiones estructurales que no permiten que el empleo formal crezca.
En medio de ese panorama, bueno es escuchar y atender sugerencias como aquella de apostarle en Cúcuta, el área metropolitana y el departamento a la diversificación del aparato productivo y lanzarse a la industrialización para frenar esa tendencia que se ha tenido en los últimos cinco años de un desempleo imparable y una informalidad inatajable.
Sondear nuevos caminos es indispensable, porque las circunstancias actuales requieren decisiones audaces, porque de lo contrario por más que el PIB sea histórico la falta de oportunidades laborales abrirá una brecha socio-económica persistente.
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