Enlazando hechos recientes y un anuncio que ojalá pronto se concrete, parece ser que los ríos de Norte de Santander entraron dentro de un cauce que los convierte en elementos esenciales dentro de la agenda de los planes gubernamentales regional y locales.
Uno de ellos tiene que ver con el plan de sembrar un millón de árboles por parte de la Gobernación en diversos puntos del departamento, que tendrá su reflejo sobre la preservación del agua y para ayudar a enfrentar los efectos adversos del cambio climático.
Lo importante es que ya arrancó, para confirmarnos a todos que no era simplemente para hacerse notar dentro de la moda verde, sino que se trata de un real apoyo al planeta.
Para la cuenca del río Pamplonita -que alimenta el acueducto El Pórtico en Cúcuta- está prevista la plantación de 66.666 árboles; en la cuenca del río Zulia, que también nos surte de agua, 66.667, y en el río Algodonal, en la región de Ocaña, otros 66.667 árboles.
Por lo menos hay cifras concretas, fechas definidas y, lo más importante, la coordinación con la autoridad ambiental, las entidades municipales y departamentales en favor de las zonas protegidas o productoras de agua, con acciones entre las que se encuentra la vital reforestación.
Los avances en ese sentido van a tener un complemento con los 600.000 árboles en las subregiones y vías de segundo y tercer orden en el departamento, así como los 200.000 adicionales en el bosque seco de Cúcuta, asunto que es de gran valía para la región.
Dicha agenda verde es fundamental a la luz de cifras como la que señala que en 2020 en el departamento se deforestaron 9.600 hectáreas, o que en solo Tibú, en el primer trimestre del año pasado, por ese mal fueron arrasadas 3.100 hectáreas.
Dentro de toda esta estrategia, debe resaltarse el trabajo sobre el río Pamplonita por parte de Corponor que también contó con recursos del Ministerio del Medio Ambiente, para prevenir desbordamientos que pongan en peligro con sus inundaciones a zonas pobladas en su paso por Cúcuta, hecho que corrobora que sí hemos entrado en una nueva forma de interactuar con nuestro afluente.
La intervención cubre ocho kilómetros entre los puentes Benito Hernández Bustos y García-Herreros mediante la protección con enrocado de las márgenes del río en los sectores como San Rafael, La Rinconada, El Malecón, Club Tennis, La Gazapa y el corredor de la avenida del Río hasta el anillo vial.
Desde esa nueva óptica, es fundamental que se avance en el proyecto de las plantas de tratamiento para descontaminar a los ríos Pamplonita y Zulia de toda esa carga que reciben de las aguas residuales que son arrojadas a su lecho, convirtiéndose en otro elemento de peligro para su conservación.
Como se trata de obras de gran envergadura que no se hacen de la noche a la mañana y cuya inversión también de es cuantiosa, es trascendental ir superando, prontamente, las diversas fases que conllevarán a que por fin la ciudad y la región cuenten con un sistema de esa naturaleza.
Hoy asistimos a constantes quejas de la ciudadanía porque a veces nuestros ríos se parezcan más a una cloaca que a un hilo de agua lleno de vida… Ojalá que esa buena onda persista y que las inversiones y los proyectos de conservación se sigan multiplicando.
