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Editorial
Por una cultura democrática
Impactar este par de situaciones anómalas ya es hora que deje de ser parte de los discursos o de proyectos fallidos y pase a convertirse en una decisión de país.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 7 de Febrero de 2026

El Día Mundial de las Elecciones nació en la Conferencia Mundial de Oficiales Electorales celebrada en Budapest, Hungría, hace 21  años.

En aquel encuentro se aprobó la propuesta de instituir el primer jueves de febrero con el apoyo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), para informar y sensibilizar a la ciudadanía y a los líderes mundiales sobre la importancia del voto como un derecho humano fundamental.

Para Colombia, que en este 2026 vive una temporada electoral de gran trascendencia, los pilares sobre los que descansa esta  fecha son todo un referente para los comicios de marzo y las dos vueltas presidenciales de mayo y junio.

Precisamente, la Fundación Esquipulas recordó que en Latinoamérica y el Caribe, más allá de la diversidad de contextos, 2026 plantea una pregunta compartida: ¿cómo transformar la legitimidad electoral en gobernabilidad sostenible?

Y añadió que aunque la región ha consolidado el voto como práctica democrática, enfrenta el reto de fortalecer la capacidad de sus instituciones para construir consensos, dar continuidad a políticas públicas y responder a demandas sociales de largo plazo. 

Como lo plantean los expertos,  el desafío no es solamente electoral, en el sentido estricto, sino político e institucional para que el voto ciudadano realmente tenga su reflejo democrático.

Uno de los puntos que forman parte de la estrategia del Día Mundial de las Elecciones es el de sensibilizar a los congresos, gobiernos, políticos y líderes en los diferentes países  acerca de la importancia de la promoción de una cultura democrática y altos niveles de participación electoral.

Estimular a los nuevos votantes y a los jóvenes para que se comprometan con los valores democráticos, es igualmente la filosofía de este primer jueves del segundo mes del año dedicado a los procesos electorales.

Reflexionar sobre el estado de la democracia en el mundo y el papel de las elecciones como herramienta para fortalecerla es recomendable, en este momento en que se desarrolla la campaña en nuestro país.

Llevar este tema de la participación en las urnas y la elección de quienes serán los congresistas en los próximos cuatro años y definir los candidatos presidenciales de tres consultas, al análisis ciudadano es una forma de oxigenar la democracia.

Es que ahí caben situaciones como por ejemplo el de la compra de votos, que es tan delicado, porque la corrupción del sufragio termina torciendo la voluntad libre y afectando los resultados democráticos, aspecto en el que se debe trabajar por contenerlo y castigarlo.

Pero, igualmente, el constreñimiento de cualquier característica, bien sea por ofrecimientos de otra naturaleza, como puestos, contratos o prebendas, es otra amenaza para el debido desarrollo del proceso electoral y su posterior reflejo sobre las bases democráticas mismas.

Impactar este par de situaciones anómalas ya es hora que deje de ser parte de los discursos o de proyectos fallidos y pase a convertirse en una decisión de país dentro del necesario saneamiento  y cambio de las costumbres políticas.

Otra arista que se debe subsanar y la cual hace parte integral del fortalecimiento de las políticas de seguridad y de las acciones para buscar la paz, es el de la amenaza armada contra las opciones de elegir y ser elegidos, que en esta ocasión se levanta como un grave riesgo para las elecciones.


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