El carbón ha acaparado en estos días la atención nacional con un examen sobre la situación de este renglón de la economía nacional y regional, tocándose lógicamente un aspecto que por estos tiempos ha vuelto a convertirse en endémico, como es el de la inseguridad, pero al mismo tiempo podría ese renglón jugar un papel en la búsqueda de la paz.
Resulta interesante el estudio ‘Zoom del Carbón: percepciones de los territorios carboníferos”, que se dio a conocer en la cumbre colombiana de este mineral que tuvo lugar en Barranquilla.
Obviamente ahí tuvo un papel esencial Norte de Santander, departamento altamente productor, en el que se aplicó la encuesta en los municipios mineros, donde el 63% de los consultados afirmó que la economía en el país empeoraría si las empresas de ese sector cerraran o desaparecieran.
Incluso, eso es coincidente con los datos que arrojó un análisis de Planeación Nacional, según el cual de reducirse a la mitad la producción carbonífera se quedarían sin empleo 145.000 personas en departamentos en los que actualmente funcionan minas de las que se extrae este tipo de elemento combustible fósil.
Esta es una advertencia que debe ser tenida en cuenta ahora que estamos hablando de las posibilidades de la sustitución energética, que aunque no tiene que descartarse por la conservación del medioambiente, tampoco se puede acelerar sin saber cómo se irían a obtener los recursos económicos y la mano de obra que hoy la minería generan en Colombia.
“Creo que la minería va a seguir existiendo, porque es completamente necesaria y hay necesidades energéticas que son solventadas con el carbón. No necesitamos terminar con la minería, sino hacerla bien”, es el planteamiento de Sergio Vega, secretario de Gestión Minera de Norte de Santander.
Esa es una posición sensata, al igual que la que diera a conocer el presidente Fenalcarbón, Carlos Cante, cuando al analizar los datos de la consulta manifestó que manifestó que los colombianos están enviando un claro mensaje de apoyo a la minería responsable, como pieza fundamental en la transición hacia una matriz energética más sostenible.
“El respaldo mayoritario que hemos visto, incluso en regiones como Boyacá, Cundinamarca, Norte de Santander y Santander, que superan el 60% en apoyo, demuestra que esta preocupación es compartida en todo el país. El rol de los carbones colombianos es crucial en esta transición”, fueron las palabras de Carlos Cante.
En el departamento, de acuerdo con las cifras gremiales, son 70.000 los puestos de trabajo directos e indirectos los generados por el carbón y el coque, que en una región como la nuestra, con altas tasas de desempleo y subempleo, significan un importante ‘colchón’ socio-económico.
En medio de todo esto existe un factor desestabilizador como lo es la inseguridad y el conflicto armado, cuyas ‘llamaradas’ le quitan ‘energía’ al sector en Norte de Santander.
Habrá que confiar en lo dicho por el ministro de Minas, Camacho en el sentido de que consolidar la paz es una gran apuesta que no solo implica soluciones humanitarias, sino económicas y productivas para los territorios, como “proteger la minería formal y garantizar que la gente tenga acceso a sus puestos de trabajo en una actividad rentable”.
Y lo mejor de todo, es el pedido de Fenalcarbón de poder tener asiento en los diálogos de paz con el Eln y la disidencia de las Farc, porque al tener los carboneros una cercanía en el territorio sería bueno que ellos fueran escuchados, porque como lo dijeron, “estamos seguros que somos parte de la solución”.