Se aprovecharon de la política de ‘Paz Total’ para fortalecerse y lanzar operaciones como la guerra del Catatumbo que ya cumple más de un año, con graves efectos sobre la población civil.
Usaron el cese del fuego y las negociaciones para contar con más combatientes y afianzar la presencia territorial con el propósito de controlar las economías ilegales relacionadas con el narcotráfico y aumentar los hostigamientos.
Lógicamente, por fin tenía que llegar el momento en que el Gobierno nacional entendiera la urgencia de usar el potencial militar del Estado contra el grupo armado ilegal del Eln que hoy por hoy es uno de los mayores generadores de violencia tanto en esa subregión de Norte de Santander como en el área metropolitana de Cúcuta.
La operación Elías, que incluyó el bombardeo contra un campamento de ese organización a la que el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha señalado como cartel del narcotráfico.
Varios hechos resaltan luego de esta ofensiva de las Fuerzas Militares. Una, que hay un giro estratégico del diálogo hacia la ofensiva aérea y de artillería pesada por parte del Ejecutivo, en respuesta a la acción guerrerista del Eln que tiene a 6.810 integrantes, de acuerdo con los datos de la Fundación Ideas para la Paz.
Dos, que podemos estar ante una acción que busque llevar debilitado y sin el poderío que ha querido ostentar esa estructura armada o derrotarlo militarmente, teniendo en cuenta que su presunta voluntad de paz resultó siendo un entramado para lograr su expansión ilegal.
De entre los elementos recuperados en la zona que se encontraba el campamento, se halló un sofisticado equipo tecnológico, de para el bloqueo de la señal de los drones, que sirve para evidenciar que el Eln está disponiendo de elementos para la guerra no convencional, que incluye las pequeñas aeronaves manejadas a control remoto para lanzar explosivos a sus enemigos, a la Fuerza Pública y a los pobladores de las zonas en que hace presencia.
Al analizar el contexto histórico del conflicto armado, se observa que desde hace aproximadamente cinco años no se desarrollaban operaciones aéreas ofensivas contra el Ejército de Liberación Nacional, que igualmente debe tenerse presente como un cambio que, no hay que olvidar, se dio luego del encuentro de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Gustavo Petro, en la Casa Blanca, en donde las cuestiones relacionadas con la inseguridad y el narcotráfico estuvieron en la agenda.
Además, esta acción en el Catatumbo es muy representativa al contrastarla con la ‘Paz Total’ que en esa región ha sufrido sus más rudos golpes por parte de aquellas organizaciones que han roto las conversaciones.
Tal vez hoy, con el sol a sus espaldas, el presidente Petro se dio cuenta -muy tarde por cierto- que esa política quedó maltrecha y por tal razón argumentó para autorizar el bombardeo que “hace tres años se le propuso al Eln un proceso de paz. Nos respondió hace un año asesinando 200 campesinos en el Catatumbo”.
Aquí debe recordarse que la legitimidad del Estado no puede ponerse en entredicho y por ello debe ejercer la autoridad, el control y la presencia absoluta en todos los rincones de la geografía colombiana con las Fuerzas Militares y los diversos ámbitos de la institucionalidad.
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