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Editorial
El fútbol debe rodar en paz
Esos extremos empañan una actividad que se supone es para el sano esparcimiento y con el fin de disfrutarla en familia o en compañía de quienes siguen a uno u otro once que salta al gramado.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 30 de Enero de 2026

Personas con camisetas del Cúcuta Deportivo esculcando a otros que estaban en las tribunas sin ningún distintivo en su vestuario para ver si tenían tatuajes o camisetas del Atlético Bucaramanga, es algo que raya en lo delincuencial.

Hacer eso equivale a una persecución irracional por el hecho de ser hincha de determinado equipo de fútbol, algo que puede llegar a tener los visos de una riesgosa estigmatización.

Dicha polarización en el llamado deporte de multitudes es una falta grave que no se soluciona con un cobro desde el punto penal. 

Que el regreso del tan esperado clásico del oriente colombiano, después de seis años de ausencia al estadio General Santander haya quedado empañado por disturbios adentro y afuera y con un hincha bumangués asesinado en las inmediaciones del escenario deportivo.

Esos extremos empañan una actividad que se supone es para el sano esparcimiento y con el fin de disfrutarla en familia o en compañía de quienes siguen a uno u otro once que salta al gramado.

Cuando ocurren situaciones como aquella que empañó el partido Cúcuta-Bucaramanga nos indica la urgencia de intentar revivir aquellos modelos conducentes a lograr el entendimiento entre las barras para  que haya respeto mutuo y los encuentros dejen de saldarse con broncas y hasta crímenes como acaba de ocurrir en la ciudad.

Nada se pierde con intentarlo, porque el que podría resultar siendo afectado sería el mismo fútbol profesional colombiano con la pérdida de aficionados que al advertir el riesgo de asistir a los estadios pueda resultar siendo una aventura peligrosa para ellos y sus acompañantes, determinen dejar de ir a acompañar a su equipo del alma.

Para  procurar alejar la violencia de una actividad deportiva que genera pasiones en el país y que es altamente practicada a nivel aficionado y profesional requiere urgentes cambios en el comportamiento ciudadano.

Entre otras cosas, debemos empezar a desactivar la creencia de que un encuentro futbolístico tenga que llevar a enfrentamientos por los resultados, las formas de juego, las decisiones de los árbitros tienen que llegar a saldarse de forma agresiva.

Ganar o perder es la lógica de todo juego y por ello se requiere entender que un resultado a favor o en contra de nuestras preferencias o intereses hay que tomarlo con tranquilidad sin llevarnos ni a la euforia descarrilada que lleve a agredir a los contrarios ni a la decepción adobada con rabia que conduzca a violentas acciones.

En el recuerdo se encuentran opciones como aquella del programa ‘Goles en Paz’, que en su momento impulsara el padre Alirio y los barristas de Millonarios y Santa Fe, hace más de diez años en Bogotá. 

Y en Cúcuta el sacerdote Pablo Maldonado estuvo mucho tiempo en la socialización de un procedimiento que condujera a desactivar esa conflictividad y mal comportamiento de una parte de la afición.

Precisamente el cura consideró que “el fútbol y la pelota se debe rodar en paz, no somos enemigos. Si el otro es contendor de otro equipo, es un rival momentáneo por un partido de fútbol”.

El propio Cúcuta Deportivo, la Alcaldía, la Gobernación, la academia, la iglesia, los profesionales en Psicología y Sociología tienen un partido urgente que jugar para la formulación de la cultura ciudadana y su aplicación en todos los ámbitos de la vida diaria en  el área metropolitana.


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