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Editorial
El control antidrones
Debemos admitir que hay probabilidad de que este nuevo equipamiento guerrerista llegue a manos de bandas del multicrimen dentro de una reconfiguración de la delincuencia que es necesario contener a tiempo.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 28 de Enero de 2026

Romper los esquemas en tiempos en que los violentos han mutado hacia la utilización de la tecnología para perpetrar ataques y atentados es la mejor opción para confrontar y hacerse fuerte frente a un enemigo que no descansa.

Hoy, en el mundo, los drones, bien sea los estructurados como armas y aquellos adecuados de manera artesanal para convertirse en bombas voladoras de alta peligrosidad, son elementos importantes de los arsenales.

Y entonces, en una ciudad como Cúcuta, que lamentablemente tiene un cordón umbilical con el conflicto armado en el Catatumbo que se ha venido desbordando y generando graves efectos en el área metropolitana.

En ese sentido debemos recordar que en dicha subregión nortesantandereana tanto el Ejército de Liberación Nacional como el frente 33 de la disidencia de las Farc impusieron el uso de los drones explosivos para atacar a la Fuerza Pública, atentar contra la población civil y enfrentarse a los combatientes enemigos.

A este escalamiento hay que ponerle la debida atención y tomar las acciones necesarias para evitar peligrosas y fatales sorpresas desde el cielo con la llegada silenciosa de atentados explosivos desde el aire en zonas urbanas.

Las zonas institucionales, los cuarteles del Ejército y  la Policía, entre otras, necesariamente deben ser resguardadas de cualquier acción terrorista que se lance con equipos de esa naturaleza.

Como se trata de un hecho que muestra la degradación de las acciones violentas, hay que respaldar las medidas anunciadas tanto por el Gobierno nacional, en el país, y las previstas desde la Alcaldía de Cúcuta para combatir a los peligrosos drones dotados con explosivos por parte de los grupos armados ilegales.

En el caso concreto de la capital de Norte de Santander  el control antidrones debe ser una cuestión que entre a hacer parte de la conversación de ciudad, puesto que a todos los habitantes les cubre de una u otra forma.

De manera general, la vida de las personas que habitan en el municipio se busca proteger con las un sistema antidrones del tipo radar que se encargará de monitorear  el espacio aéreo cucuteño, con el fin de detectar objetos extraños y que impliquen evidente riesgo para la seguridad.

Entre las características conocidas de dicho mecanismo se sabe que tendrá un alcance de hasta quinientos metros y facilitará inhibir ‘drones asesinos’ como se les conoce a los usados por el Eln y la disidencia de las Farc.

Debemos admitir que hay probabilidad de que este nuevo equipamiento guerrerista llegue a manos de bandas del multicrimen dentro de una reconfiguración de la delincuencia que es necesario contener a tiempo.

Frente a las inquietudes válidas de quienes usan los drones para tomar fotos, hacer videos o actividades legales, es requerido que haya una  política clara que precise las reglas a seguir a partir de la activación del sistema de seguridad antidrones,  y de esa manera despejar las dudas que hoy afloran.

Se supone que deberán hacerse registros de estos aparatos voladores al igual que determinar si habrá más áreas vedadas para sus operaciones, lo mismo que otras regulaciones dentro del nuevo esquema para blindar a la ciudad frente  cualquier incursión terrorista desde el aire.


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