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Editorial
Colegio para la Paz
Esta clase de respuestas desde el Estado y la sociedad civil, es la forma de decirles a la guerrilla del Eln como a la disidencia de las Farc que por encima de sus bárbaros actos hay una comunidad que no está dispuesta a dejarse arrastrar a una absurda guerra.
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La opinión
La Opinión
Jueves, 30 de Enero de 2025

La violencia y la crisis humanitaria en el Catatumbo dejaron un ejemplo  sobre la manera tomar decisiones temporales para enfrentar dificultades como la educativa que afecta a los niños y adolescentes desplazados de esa zona del departamento.

Se trata del Colegio Temporal para la Paz que se habilitó por parte de la Gobernación de Norte de Santander, en Cúcuta, para que los menores que se encuentran aquí huyendo del conflicto armado, no pierdan el derecho a la educación.

Esta es una medida para replicar, porque esa es una manera pacífica de derrotar a los violentos que con operaciones como la guerra declarada en ese territorio terminan hostigando y golpeando a la población civil.

Esta clase de respuestas desde el Estado y la sociedad civil, es la forma de decirles a la guerrilla del Eln como a la disidencia de las Farc que por encima de sus bárbaros actos hay una comunidad que no está dispuesta a dejarse arrastrar a una absurda guerra.

El hecho de que un importante número de niños, adolescentes y jóvenes del Catatumbo que se refugian en la ciudad pudieron empezar su calendario escolar, sin que el fragor del enfrentamiento armado entre los grupos violentos lanza un poderoso mensaje a quienes tratan de someter a la población de los territorios al control social y armado.

Este refugio de aprendizaje se constituye en un elemento de construcción de paz y  desarrollo social para que los estudiantes  que llegan a sus aulas tengan presente que en medio de esta odisea no los han dejado desamparados y que la educación es el mejor escudo contra todos los factores de violencia que los persigue. Muy bien lo dijo uno de los alumos que llegó al plantel: “(...)ahorita quiero estudiar, aprender, graduarme y darle un mejor futuro a mi familia, no quiero quedarme a raspar coca como les ha tocado a otros niños”.

De manera que esos sueños y esperanzas hay que alimentarlas desde los proyectos para construir acciones de resiliencia con las cuales contrarrestar los efectos de la tragedia del desplazamiento como el que está sucediendo en estos momentos en la región.

Es importante que haya un equilibrio a esta guerra que deja 50.000 víctimas del desplazamiento, masacres como la de Teorama con 13 muertos y por lo menos 60 en total durante los días en que lleva esta aguda situación.

Ese drama humanitario considerado el peor de los últimos 28 años en el otro lado de la balanza tiene al Colegio Temporal para la Paz como un oasis en medio la tragedia desatada por los grupos armados organizados que se disputan el manejo del negocio de la coca en una región que en el último año registró 43.000 hectáreas de cultivos ilícitos.

Una oportunidad como la activada para los menores catatumberos en la capital de Norte de Santander resalta que no solo hay que desarrollar acciones de contingencia y atención a los desarraigados, sino dar un enorme paso adicional hacia soluciones para que la escolaridad no se rompa por culpa de los violentos y esta resurja como si  fuera el ave fenix  para que la guerra no les arrebate de las manos el lápiz, el cuaderno y el libro a los estudiantes afectados.


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