¡Huele a asfalto! en diversos sectores de Cúcuta en donde la malla vial era igual al paisaje lunar como consecuencia del avanzado deterioro producto de años sin recibir una gota de pavimento y sí un siempre creciente tráfico de vehículos.
Para el libre flujo vehicular el que las calles estén 'sembradas' de baches es un elemento que lo vuelve lento afectando la movilidad en general.
Que la carpeta asfáltica esté deteriorada es también un golpe al bolsillo de los propietarios de automóviles y motocicletas por los daños que sufren los vehículos al circular por esas zonas en que el pavimento está en completo deterioro.
Para los vecinos de los barrios el hecho de que sus calles por años no hayan recibido la atención necesaria los lleva a cuestionar y a reclamar, como muy bien se ha podido advertir en los trabajos periodísticos de La Opinión con las comunidades en las diferentes comunas.
Pero igualmente, más de uno de esos cráteres o huecos han ocasionado accidentes de tránsito, siendo otra razón de alta valía para que la malla vial siempre esté entre las prioridades en materia de ampliación, pavimentación y mantenimiento adecuado.
En la capital de Norte de Santander ese problema que tanto en el transporte urbano como en el carro se venía sufriendo empezó a ser corregido por el programa puesto en marcha por la administración del alcalde Jorge Acevedo.
Es que el arreglo de las vías para que ahora parezcan una mesa de billar es la forma de decirles a los habitantes que ahí están los impuestos.
Esa inversión ayuda a mejorar en parte la calidad de vida de los ciudadanos al generar diversidad de beneficios tales como: facilidades en la movilidad, disminución de riesgos por los huecos, menos gastos en reparación de los automotores, reducción del polvo y la contaminación.
Los arreglos y la recuperación total que se está viendo de las calles deberían estar bien dotados de recursos presupuestales en todas las vigencias, en el que también se contemple el mantenimiento.
Garantizar la continuidad de esta clase de obras facilitara una mayor durabilidad de los trabajos, el reparcheo cuando sea necesario y extender las pavimentaciones hacia otras zonas de la ciudad, dentro de un programa coordinado con acciones a largo, mediano y corto plazo.
Es que todo esto al final termina facilitando tanto la movilidad como la conectividad urbana que también es de crucial importancia para que no existan sitios aislados o de alta complejidad para ingresar o salir porque sus calles están convertidas en verdaderas trochas intransitables.
Ahora que hay frentes de obra en varios puntos de la ciudad, tanto céntricos como en los barrios, el compromiso ciudadano es el de convertirse en guardián y veedor para el cuidado de las vías recuperadas y dar aviso en caso de deterioro o de daños que en el futuro vayan a poner en riesgo la nueva carpeta asfáltica de que fue extendida.
Que siga oliendo a asfalto ya no debe ser una cuestión pasajera sino permanente en la más importante ciudad colombiana en la frontera con Venezuela.
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