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¿Quién lo vive es quien lo goza?
La sorpresa llegó el 30 de diciembre: un incremento del salario mínimo para 2026 que algunos celebran como justicia social, pero que para otros es "pan para hoy y hambre para mañana".
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Sábado, 3 de Enero de 2026

Los colombianos celebramos con el entusiasmo de siempre las festividades decembrinas, despidiendo un 2025 que se fue "como el que no quiere la cosa" y recibiendo un 2026 cargado de incertidumbres. Sin embargo, el brillo de los festivales y carnavales regionales se vio opacado, una vez más, por el estruendo de la pólvora. Según la Policía Nacional, el saldo fue desolador: más de 1400 víctimas, de las cuales casi un 30% son niños; una tragedia que se repite mientras el país intenta, en vano, "tapar el sol con un dedo".

En medio del flujo de turistas internacionales que llegaron a disfrutar de nuestra cultura, los colombianos locales vivieron los últimos días del año con el corazón en la mano, esperando el "regalo" del Gobierno. La sorpresa llegó el 30 de diciembre: un incremento del salario mínimo para 2026 que algunos celebran como justicia social, pero que para otros es "pan para hoy y hambre para mañana".

Mientras el presidente Gustavo Petro anunciaba con su habitual tono épico que este aumento del 23% —cifra que para muchos analistas es una desproporción técnica— dispararía el consumo interno, la realidad en la calle cuenta otra historia. Petro, en su estilo característico, afirmó: “Me van a llover insultos de los sectores más megarricos y retardatarios porque creen que esto perjudica la economía, pero tenemos la tasa de desempleo más baja del siglo”. Una afirmación curiosa, considerando que el país cerró 2025 con una desocupación que, aunque oficialmente en un dígito, esconde la realidad de un mercado laboral donde "el que no corre, vuela" para sobrevivir.

La paradoja es evidente: mientras el Gobierno apunta a los "megarricos" como los villanos que frenan el progreso, la informalidad en Colombia para 2025 se mantuvo estancada por encima del 56%. Para el pequeño comerciante, este aumento salarial no es una "estrategia de compra", sino un incentivo para la informalidad o el recorte de personal. Como medida de distracción, el Ejecutivo planea eliminar la prima especial de los congresistas para promover una "austeridad" que, comparada con el gasto público total, parece "un pelo de gato".

Finalmente, en el frente externo, el panorama es de alivio agridulce. Tras los roces diplomáticos entre las administraciones de Trump y Petro, a Colombia "le salió la virgen": los productos nacionales solo fueron gravados con un 10% de aranceles en EE. UU. Un respiro que llega justo cuando los colombianos intentamos hacer malabares para que el nuevo sueldo alcance para los servicios y la canasta básica, los cuales, como es costumbre, subieron "en ascensor mientras el salario va por las escaleras".

"Así las cosas, mientras el país intenta digerir un aumento salarial que parece diseñado más para las urnas que para los mercados, los colombianos nos preparamos para el próximo carnaval: las elecciones. Porque en esta tierra de realismo mágico, ya sabemos que quien nos da el dulce hoy, mañana nos niega el vaso de agua."


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