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¿Por qué no caen?
Una de las prioridades para la restitución de la democracia es lograr reconstruir redes de confianza social sin intervención del Estado.
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Sábado, 3 de Enero de 2026

Si miramos la situación de hambre y ausencia de servicios públicos en Cuba, que ya está al nivel del país más pobre del mundo, Haití, es obvio preguntarse porque el régimen que los tiene por más de medio siglo condenados a la miseria, se sostiene y la gente no se rebela. Igual podríamos decir de Venezuela y otras narcodictaduras, o países que se encaminan hacia allí como Colombia.

¿Es solo miedo por la represión? ¿Es condicionamiento conductual vía propaganda y educadores? ¿Es resignación escéptica de poder salir dela pesadilla?

Perfiles dictatoriales extremistas, como el nazismo y el comunismo soviético, que basaron su permanencia en la propaganda, terror y en la infiltración del “estado” en todas las capas de la sociedad, nunca sufrieron explosiones espontaneas de descontento a pesar de la destrucción física del país como en la Alemania nazi. Para superar esta época oscura, tocó desnazificar toda la sociedad.

La caída de la URSS se debió al total fracaso económico de la economía colectivista y centralista, pero empujados por el ansia de descentralización de las repúblicas soviéticas diferentes a Rusia, y más aún, por los países que estaban tras la cortina de hierro.

Es decepcionante ver como países con democracias imperfectas, pero democracias al fin, se dejan dirigir por la propaganda, a través de medios o de los profesores, hacia modelos autoritarios que una vez en el poder desarrollan los mecanismos de terror e infiltración social, cerrando el círculo de caída de la sociedad en la trampa de la dictadura. Cuando la izquierda captura la educación, como sucedió en Colombia hace décadas, que la sociedad se resquebraje solo es una cuestión de tiempo. La desnazificación incluyó la redefinición de la educación en Alemania.

Y aquí surge una clave de porque las sociedades no se rebelan a una dictadura: si no se organizan para evitar caer en ella, menos lo harán para salir de ella.

La creación de redes de confianza en la sociedad, sin intervención política de “líderes sociales”, es el principio del desarrollo económico y la consolidación democrática. Esa confianza es algo que la izquierda y sus agentes intentan destruir vía la lucha de clases y la guerra cultural. El concepto es crear conflicto en la sociedad que irrigue desconfianza. El elemento central de destrucción es la dilución del núcleo familiar, "relativizando" el concepto de familia o haciéndolo maniqueamente “burgués”. Pero quien debía ser el gran impulsor de ese valor, la iglesia católica, se perdió también en el discurso progresista de "lucha por los pobres" como lucha de clases, abandonando los conceptos morales de familia. Cada cura, obispo o Celam progresista, que no construye conceptos morales sino “políticos” justificados en la pobreza, deja a la sociedad como presa del depredador antidemocrático.

La cultura narco que se impuso en Colombia, es el mejor vehículo que encontró el socialismo para ganar su guerra cultural. El socialismo necesita sociedades rotas, donde la confianza desaparece y se sustituye por el estado omnipresente. La televisión colombiana, con libretistas como Gustavo Bolívar logró glorificar a Pablo Escobar y marcar con eso a los colombianos en el exterior.

Eso explica porque esas satrapías corruptas destructoras de valor no caen a pesar del daño que hagan. Una de las prioridades para la restitución de la democracia es lograr reconstruir redes de confianza social sin intervención del Estado. Si no, estaremos como Cuba o Corea del Norte, condenados a muchas décadas de miseria material y moral.

Ese enfoque al socialismo que se profundizó después de la constitución de 1991 ha logrado que la sociedad colombiana sea un mar de desconfianza y está lista para caer en la dictadura. “Fe en el propósito del otro, esperanza en el futuro del otro y caridad hacia los defectos del otro”, cita Churchill, son condiciones indispensables para reversar el proceso. Al votar, sepa lo que está en juego.

A mis lectores, mi profundo agradecimiento y un saludo de esperanza para 2026.


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