La extrema izquierda, con impulso del gobierno Petro, presentó ante la Registraduria un comité promotor de una Asamblea Constituyente, que como todos los globos distractores, buscan desviar la atención de la realidad actual, plena de problemas y amenazas, aunque también de grandes esperanzas.
El trámite de un proceso constituyente en el mejor escenario demora un año y debe pasar al menos tres filtros: revisión de firmas por parte de la Registraduria, control de legalidad de las Cortes y aprobación del Congreso. No hace mucho sentido que Petro impulse una constituyente que no le tocará a él. Pero tiene todo el sentido si la gente se dedica a hablar de la constituyente y deja de hablar del reto guerrillero, del golpe de mano de la emergencia económica y la gran amenaza de crisis fiscal o los efectos que puedan traer sobre la ciudadanía el bloqueo internacional a Petro y su cuadrilla, más aún después de ver el negro futuro de Maduro. Ya está ahí el gringo.
El problema es que una constituyente es un evento caótico, que se sabe cómo empieza pero no cómo termina y, aunque creo que eso no va a prosperar, consideremos escenarios que podrían darse. Una aclaración: lo primero que hace una Asamblea Constituyente es declararse el máximo poder y por tanto, sin talanqueras a lo que pueda tratar, independiente de lo que hayan considerado sus impulsores.
Para mayo de 2026 podrían haberse recolectado las firmas y la Registraduria dar su aval. Si hay ganador absoluto en la primera vuelta, sea la extrema izquierda o los demócratas, se afectará el trámite de la constituyente pues a ambos les convendría impulsarla. El centro petrosantista no gana ni en primera ni en segunda vuelta; no es su objetivo, solo busca forzar una segunda vuelta que beneficie a la extrema izquierda. Son carrileros.
Las segundas vueltas son de ingrata recordación. Fue para segunda vuelta que Santos se inventó el proceso con las Farc, del que nunca pensó respetar la voluntad popular, como en efecto sucedió. Y en las pasadas elecciones, fue cuando el petrosantismo subió a Rodolfo como palmera en la primera vuelta para bloquear a Fico y lo dejó caer como coco para la segunda vuelta, abriéndole el camino a Petro. Una segunda vuelta, con el petrosantismo potenciado por el presupuesto nacional, se haría más deseable para la extrema izquierda si viene con Constituyente que permita consolidar el narcoestado chavista.
Hay tres opciones de respuesta para la oposición. La primera, la defensiva, atacar algo que no tiene valor político presente. La segunda, la inteligente, que en el caso de la Constituyente, es no darle importancia e incluso apoyarla, lo que los desconcertaría. Y la tercera, es la ofensiva, sacar temas de propuestas en gran volumen para que el control de la agenda pase a la oposición a la extrema izquierda, lo que implica tener un programa estructurado de gobierno que sea clara y coherentemente presentado. La opción defensiva muestra que la oposición no tiene propuestas sino solo ataque a Petro. La opción inteligente es un mecanismo de neutralización, pero aunque le baja la espuma al gobierno, tiene el problema de no ser propositiva.
La ofensiva es la manera de mostrar que somos diferentes a la izquierda y tenemos propuestas para ello: el Estado al servicio del ciudadano, impulsar la creación de riqueza en una sólida economía de mercado con una robusta legislación de propiedad privada, recuperar el monopolio de la fuerza en el Estado y reconocer la descentralización en un país de regiones. Además, se están dando oportunidades “externas” que se aprovechan proponiendo, no solo opinando. Petro quiere usar el nacionalismo como caballito de batalla y por eso la constituyente para él no es ya tan importante.
No debemos permitir que Petro nos imponga la agenda y menos cuando sea inaplicable o absurda. Plantear lucha abierta a la narcodemocracia y sus tentáculos en el Estado, es lo más urgente.
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