Según la brújula de los analistas, para 2026 la economía colombiana promete navegar en aguas de mayor crecimiento. No obstante, este horizonte despejado viene acompañado de desafíos persistentes, como anclas pesadas: la inflación y la sostenibilidad fiscal seguirán siendo puntos ciegos en el mapa.
En el tablero global, nuestros socios comerciales mantendrán su propio ritmo, con tasas de crecimiento que serán el eco de las vistas en 2025.
El próximo ciclo electoral no es solo una elección; es una ventana de oportunidad para tomar el toro por los cuernos y abordar asignaturas pendientes. Entre ellas, impulsar la inversión, lograr la convergencia inflacionaria (es decir, que el dragón de la inflación baje la cabeza), y sanear las finanzas públicas.
A pesar del optimismo, el camino inmediato está sembrado de espinas que se han convertido en obstáculos monumentales.
Un ejemplo elocuente es el café, que hoy se sienta sobre una bomba de tiempo por la intensa volatilidad de su precio. A este sismo financiero se le suman, según Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), el aumento en las exigencias para mantener posiciones a futuro y la presión sobre la garantía de compra. Todos estos factores, juntos, han convergido en una "tormenta perfecta" que amenaza la estabilidad del sector.
Paradójicamente, el sector cafetero acaba de cerrar un ciclo dorado. De acuerdo con el informe de la ministra de Agricultura, Marta Carvajalino, la producción anual de café alcanzó un pico de 14.8 millones de sacos. El año cafetero, finalizado en septiembre, marcó la cifra más alta en 33 años, una cima que elevó su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) hasta un histórico 1.54% (el nivel más alto en décadas). Las exportaciones, por su parte, fueron un torrente de ingresos: $5.500 millones de dólares.
La FNC, sin embargo, nos recuerda que la naturaleza tiene sus propios ritmos: el cultivo opera bajo un ciclo productivo bienal (de dos años). Esta marea natural anticipa un ajuste, y la expectativa es que la próxima cosecha sea una bajada natural de la curva, cerrando en aproximadamente 7.7 millones de sacos frente al pico récord de este año.
Siguiendo con los principales pilares de exportación del país, el petróleo enfrenta un doble filo: baja producción y una caída en su aporte económico debido a la disminución de las ventas.
La negativa del gobierno actual a usar la técnica de fracking (la llave para extraer gas y crudo de formaciones rocosas profundas) ha encendido las alarmas. Gremios, académicos y expertos claman a los aspirantes presidenciales para que esta técnica se implemente en el nuevo mandato. La razón es urgente, ya que las reservas de crudo son como un tanque de gasolina casi vacío, con una autonomía estimada de solo seis a ocho años. Puesto que somos un país que respira la economía de los combustibles fósiles, esta dependencia exige una pronta solución.
A su favor, Colombia no comienza de cero. Entre 2020 y 2021, se realizó el Proyecto Piloto de Investigación (PPII) Kalé, brindándonos una experiencia previa y lecciones aprendidas.
El ejemplo de Estados Unidos es a menudo el faro que se cita: habiendo adoptado el fracking en 1954, hoy son el productor y consumidor de petróleo número uno del mundo.
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