Entre lágrimas y recuerdos, Villa del Rosario despidió ayer a uno de los suyos. José Martín Rodríguez Vásquez fue sepultado en el municipio que lo vio nacer y crecer, dejando una vida breve, pero marcada por la amistad, el fútbol y el cariño de los suyos. Desde ahora, sus restos descansan en el cementerio del Municipio Histórico, mientras su memoria permanece viva entre familiares y amigos.
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Ayer, 4 de marzo, se cumplieron las exequias y la sepultura de un integrante de la reconocida familia Rodríguez Vásquez, del barrio San Martín. No es la primera pérdida que afrontan, hace más de 30 años falleció el padre de la familia, pero sí es el primero de su generación en partir, adelantándose a sus nueve hermanos.
Su rostro será recordado especialmente en las canchas del municipio, sobre todo en la de su barrio, donde participó en innumerables partidos de ‘recocha’, entregado a la que fue su gran pasión: el fútbol.
No por nada era conocido como Martín Palermo, en alusión al histórico futbolista argentino. No se parecían físicamente ni en estilo de juego, pero el carisma que irradiaba lo hizo merecedor del apodo.
A las tres de la tarde de ayer le dieron el último adiós en la iglesia central del municipio, antes de partir hacia el cementerio. Había sido velado en Gramalote, barrio vecino a su amado San Martín.
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Deuda de muerte
Ligado al fútbol se vivió un episodio especial en la primera noche de velación, el pasado lunes. A la sala entró Papita, un amigo cercano, decidido a saldar una deuda pendiente.
Cuentan que Martín le pedía con insistencia que le regalara una camiseta del Cúcuta Deportivo, equipo de sus amores. El tiempo no alcanzó para cumplirle el deseo en vida. Por eso, frente al ataúd, su amigo sacó la camiseta y la colocó sobre la madera. Entre lágrimas, la familia decidió ponerla dentro del féretro, para que su rojinegro lo acompañara hasta el final.
Su amor por el equipo motilón lo convirtió en visitante habitual del Estadio General Santander. De allí surgió otra anécdota recordada entre risas: hace poco más de tres años regresó a casa sin camiseta, pues en medio de la euforia de una celebración la extravió.
Momentos como esos quedarán en la memoria de sus tres hijos, sus hermanos, su madre y los cientos de amigos que recibieron con incredulidad la noticia de su muerte, a los 45 años.
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