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La singularidad tecnológica no esperará
Cada algoritmo de IA, cada red 5G y cada fábrica automatizada depende de electricidad abundante y estable.
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Viernes, 19 de Septiembre de 2025

El mundo avanza hacia la singularidad tecnológica, un punto de inflexión en el que la inteligencia artificial, la biotecnología, la robótica y la computación cuántica comienzan a superar la capacidad humana. Estados Unidos, China y la Unión Europea ya compiten por dominar este nuevo orden.

Colombia, en cambio, enfrenta una paradoja: mientras lidia con crisis fiscal, inseguridad creciente y la descertificación de Estados Unidos, debe decidir si se sube a la ola de la innovación o se resigna a quedar en la periferia tecnológica.

Este es el  segundo artículo de cinco.  Revisaremos el papel de los gobiernos, la academia y los comunicadores como actores decisivos para dar confianza y sentido de urgencia a la transformación para acatar la singularidad.

Para lograr que la  singularidad sea una realidad, la Energía es la base 

Cada algoritmo de IA, cada red 5G y cada fábrica automatizada depende de electricidad abundante y estable. también lo hacen la música en streaming, los videos en plataformas digitales, las redes sociales y hasta los correos electrónicos con adjuntos que sostienen la comunicación global.

En Colombia, el riesgo de un “apagón tecnológico” sería más devastador que uno eléctrico convencional: paralizaría la economía digital y ahuyentaría la inversión. La transición energética no es una moda verde, sino la base de la soberanía tecnológica y de la seguridad nacional. Mientras Brasil avanza en energías renovables para garantizar competitividad, Colombia aún debate cómo acelerar los proyectos, superar barreras por consultas previas y continuar mejorando la regulación que permita una real diversificación de su matriz energética.  

Conectividad: inclusión o exclusión

La economía digital se sostiene en la inclusión financiera. Sin conectividad no hay inclusión, sin inclusión no hay formalización, y sin formalización no hay crecimiento sostenible.

La música que viaja por plataformas, los pagos móviles en zonas rurales, las redes sociales que conectan comunidades o los videos educativos para millones de jóvenes dependen de esa conectividad. Pensar en economía digital mientras el 68 % de los municipios sufre pobreza energética es, simplemente, construir sobre arena. Chile, por ejemplo, logró expandir la fibra óptica como política de Estado; Colombia aún no resuelve la brecha entre ciudades y periferias.

Ciberseguridad: la confianza en riesgo 

En 2024, Colombia registró más de 36.000 millones de intentos de ciberataques. En 2025, las organizaciones en la región enfrentan en promedio 2.716 ataques semanales, un 39 % por encima del promedio global.

El problema no se limita a bancos y ministerios. También afecta a ciudadanos comunes: un correo con un archivo adjunto puede ser la puerta de entrada a un secuestro de datos; una cuenta en redes sociales puede ser usada para estafas masivas; una videollamada corporativa puede ser interceptada. México, que ha sufrido hackeos a instituciones financieras y agencias de seguridad, muestra lo caro que resulta descuidar esta dimensión.

La confianza, activo esencial de la economía digital, está amenazada. Sin un sistema nacional sólido de ciberseguridad, la transformación digital será más riesgo que oportunidad.

El dilema geopolítico

Mientras Estados Unidos, China y Europa invierten miles de millones en inteligencia artificial, redes cuánticas y transición energética, Colombia sigue atrapada en debates cortoplacistas. Cada año que pasa, la brecha se ensancha.

El riesgo no es únicamente nacional. América Latina entera corre el peligro de convertirse en simple consumidora de innovación, subordinada a modelos externos. La gran pregunta es si Colombia logrará desarrollar un modelo propio bajo sus reglas, o si quedará atrapada en la dependencia tecnológica.

Un Estado Social de Derecho para el Desarrollo

La respuesta no está en la tecnología, sino en la política. Colombia debe transformar su Estado Social de Derecho en un Estado Social de Derecho para el Desarrollo, que garantice derechos estratégicos:

    •             Energía confiable y competitiva.

    •             Conectividad para cerrar brechas sociales y territoriales.

    •             Ciberseguridad que proteja la confianza digital.

    •             Empleo de calidad ligado a la economía del conocimiento.

Tres ejes de acción

Para avanzar, se necesitan compromisos claros en tres frentes:

       1.            Gobiernos: anticipar políticas públicas energéticas, digitales, regular la inteligencia artificial y liderar alianzas internacionales.

       2.            Academia: desde la primera infancia, secundaria y formar talento especializado para los retos actuales y vincular la investigación con necesidades sociales.

       3.            Comunicadores: gran responsabilidad para educar sobre riesgos digitales y exigir transparencia en incidentes de ciberseguridad.

El tiempo se acaba

La singularidad tecnológica no esperará a que Colombia resuelva sus problemas de coyuntura. Cada año perdido amplía la distancia con las potencias líderes y con países de la región que avanzan en su propia agenda digital.

Colombia puede convertirse en un referente de resiliencia e innovación en América Latina, siempre que entienda que el verdadero dilema es político: garantizar las condiciones mínimas para que su sociedad —desde la música y los videos en línea hasta los correos electrónicos que sostienen la economía— participe plenamente en la economía del futuro.

De lo contrario, el país quedará condenado a la irrelevancia tecnológica en el siglo XXI, reducido a espectador en una revolución que no perdona rezagos.


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