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Ecuador
Escribí hace un año que todo en Ecuador debe merecer la mayor atención de Colombia. Dos departamentos, Nariño y Putumayo, limitan directamente.
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Martes, 18 de Febrero de 2025

Escribí hace un año que todo en Ecuador debe merecer la mayor atención de Colombia. Dos departamentos, Nariño y Putumayo, limitan directamente. Cauca y Caquetá son sub-fronterizos, es decir, no limitan directamente, pero tienen cercanía física y lazos humanos, económicos y medioambientales estrechos con el país. Tenemos comercio intenso. Migración mutua legal e ilegal.

Lo que pase en Ecuador se refleja en nuestra gente y territorio. Si es bueno, para nuestro bien. Si es malo, para acelerar nuestras cuitas. Ha sido así desde la Colonia y durante el proceso de independencia en el que naufragó la buena idea institucional y geopolítica de la Gran Colombia, cuyo fracaso aceleró la muerte de Bolívar en el turbulento 1830. Ese año el general Flórez, a la sazón venezolano, y su Asamblea de Notables, declararon con golpe la independencia ecuatoriana y procedieron a la elaboración de una constitución para el funcionamiento de la nueva república, en un ambiente altamente federalista.

Desde esas épocas, una mezcla de militancia indigenista, a veces exagerada por los estudiosos, clase media frustrada con la economía y la corrupción, y militares con ambiciones, ha hecho de nuestro querido vecino una olla política a presión que a veces estalla y a veces se sirve de la válvula para liberar tensiones internas.

Ecuador ha tenido presidentes realmente breves como doña Rosalía Arteaga con 48 horas en el cargo. También períodos menos inestables como los recientes de Correa, Moreno, Durán Ballén, Borja, Febres Cordero y Galo Plaza. Dictadores han aparecido de tiempo en tiempo, aunque el más recurrente fue el doctor Velasco Ibarra, quien ejerció la presidencia 5 veces y en 2 de ellas declaró su dictadura. De 38 golpes de estado dados hasta hoy en suelo ecuatoriano, 20 han tenido éxito.

Desde el 96, la crisis ha sido prácticamente permanente. Aún en los dos períodos de Correa y en el Lenin Moreno, ambos completos, las dificultades de gobernabilidad fueron extremas.

Bucaram, el Rodolfo Hernández del Ecuador; Arteaga, Alarcón, Mahuad, Noboa, Gutiérrez, Palacio, Lasso y el Noboa junior actual, son presidentes que no han podido ejercer períodos normales por cuenta de las crisis de sus antecesores, o de las propias. Once jefes de estado en dos décadas tremosas.

En ese desorden, el crimen organizado pelecha. Más si nosotros como vecinos principales, somos una fuente del mal. A tal punto ha llegado el amedrentamiento de las mafias, que en la campaña para la segunda vuelta presidencial de abril, los dos candidatos, el actual Noboa de centro derecha y Luisa González de centro izquierda correísta, compiten para ver quién presenta a los electores la propuesta más dura para combatir el crimen: militarización, fortalecimiento policial, endurecimiento penal sustantivo y procesal, cárceles de máxima seguridad, revolucionarios programas de reinserción social y plena cooperación internacional activa y pasiva, aérea, terrestre y marítima. No podrán lograr enfrentarlo con éxito sin nuestra colaboración generosa en inteligencia, interdicción marítima, aérea y financiera, sumada a la de EEUU, Perú, Chile y México, éste ofendido por el operativo ilegal contra Glas en su embajada de Quito. Se acordó esa colaboración en el gobierno Santos; se desmontó después. A Petro, obsesionado con grandes causas globales en las que no tiene velas, le importa un bledo.

Ecuador adoptó el dólar como moneda que lo ha salvado de peores turbulencias. La energética que viene enfrentando ya hace años, ha tenido apoyo nuestro insuficiente y dubitativo.

Hay que ayudar a Ecuador a luchar contra el crimen organizado, aún si nuestros recursos son limitados y si nuestro presidente solo le camina a los suyos, entre los que no está Noboa. Tenemos el deber de buenos vecinos y el compromiso con nuestros intereses nacionales, de no dejar caer a Ecuador en manos de la narcocracia, la que casi nos gobernó y que hoy está reanimada y rica con la irresponsable Paz Total.


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