La llegada de la singularidad tecnológica ya no es un horizonte lejano, sino un presente que redefine nuestras vidas. El reto no es evitarla, sino liderarla con visión, ética y propósito colectivo.
Un presente acelerado
Vivimos en un tiempo donde el futuro dejó de ser una posibilidad para convertirse en un presente acelerado. La singularidad tecnológica, concepto popularizado por RayKurzweil, describe el punto de no retorno en el cual la inteligencia artificial y otras tecnologías convergentes no solo complementan, sino que en muchos casos superan la capacidad humana, transformando radicalmente la vida, la economía, la política, la cultura y hasta nuestra concepción de lo que significa ser personas.
Estamos entrando en esa frontera. Chatbots que escriben como humanos, algoritmos que diagnostican enfermedades mejor que los médicos, biotecnología que reprograma la vida, inteligencia artificial inmersa en procesos administrativos o industriales, prevención de riesgos y computación cuántica que amenaza con romper todas las seguridades digitales son apenas señales de lo que viene. No hablamos de ciencia ficción: hablamos del presente inmediato.
El tipo de liderazgo que necesitamos
Frente a esta aceleración definitiva, la pregunta clave es: ¿qué tipo de liderazgo necesitamos? Ya no basta con CEOs exitosos o presidentes con habilidad política. El nuevo liderazgo debe ser:
1. Visionario y narrador de futuros: capaz de pensar lo impensable y construir lo imposible.
2. Gestor de la incertidumbre: convertir la ambigüedad en oportunidad estratégica.
3. Humanista y ético: poner la dignidad en el centro de la innovación.
4. Orquestador de ecosistemas: articular gobiernos, empresas, academia y sociedad.
5. Impulsor colectivo: con gobiernos que regulen, universidades que formen y comunicadores que traduzcan el futuro.
Del dolor de Colombia a la oportunidad de la singularidad
En artículos anteriores hablamos del dolor de Colombia, de cómo nuestra nación ha caminado sobre una cuerda floja, acosada por la polarización, la inequidad y la fragilidad institucional. Allí advertíamos que no actuar tendría consecuencias devastadoras para las comunidades más vulnerables, especialmente para los jóvenes sin esperanza.
Hoy, esa cuerda floja no ha desaparecido. Al contrario, la llegada de la singularidad tecnológica la hace aún más visible. Si no fortalecemos nuestra economía, nuestras empresas y nuestros ecosistemas productivos, corremos el riesgo de que la disrupción global nos deje aún más rezagados. Pero aquí está la otra cara: la singularidad no tiene por qué ser una amenaza; puede ser la mayor oportunidad de nuestra historia.
La clave está en los equipos gerenciales de nuestras organizaciones y en la capacidad de líderes —públicos y privados— de anticipar lo que viene, de leer las señales débiles, de innovar y de proteger a la vez. No se trata solo de adaptarse, sino de influir y mostrar el camino para que todos en las organizaciones se conecten con este propósito.
Una inquietud personal que se vuelve colectiva
En 2021 inicié un doctorado. Mi tesis se centraba en cómo debía prepararse Colombia ante la inminente llegada de la singularidad. Por motivos personales me retiré tras un año, pero nunca abandoné la inquietud.
Hoy, que la singularidad ya no es un horizonte distante sino una realidad palpable, asumo ese tema como un reto personal y colectivo: aportar, aunque sea una semilla, para que Colombia y América Latina estén a la altura de este momento histórico.
Esa inquietud es la que me mueve a escribir esta serie. No se trata solo de reflexionar en abstracto; se trata de construir un debate nacional y regional sobre los liderazgos que necesitamos en este tiempo de aceleración definitiva.
Una serie para comprender el nuevo liderazgo
En esta serie especial exploraremos, con base en reflexiones globales y debates recientes, cómo se configuran los nuevos liderazgos:
- En el segundo artículo, revisaremos el papel de los gobiernos, la academia y los comunicadores como actores decisivos para dar confianza y sentido a la singularidad.
- En el tercero, veremos el liderazgo visionario, aquel que convierte lo imposible en realidad, que narra futuros y anticipa transformaciones radicales.
- En el cuarto, abordaremos el reto de liderar en la incertidumbre, un enfoque que invita a leer señales débiles, a decidir en medio de la ambigüedad y a transformar el riesgo en ventaja.
- En el quinto y último, discutiremos la humanización de la tecnología y la orquestación de ecosistemas, donde la ética, el propósito y la cooperación multinivel se vuelven esenciales para guiar el rumbo de la humanidad.
Conclusión: crecer o caer en la cuerda floja
El hilo conductor de esta serie es propositivo. Colombia ya conoce el dolor de la polarización y la inestabilidad. Hemos sentido lo que significa caminar en una cuerda floja mientras tiburones y pirañas —como metáfora de poderes grandes y pequeñas dificultades repetitivas— amenazan con desbordarnos.
Hoy, la singularidad tecnológica nos coloca frente a una disyuntiva aún mayor: crecer fortaleciendo nuestras empresas, nuestra economía y nuestra capacidad de innovación, o quedarnos atrás y condenar a otra generación a la frustración.
La única manera de crecer es ser proactivos: anticipar la disrupción, preparar a nuestros equipos gerenciales, formar talento híbrido y asumir con responsabilidad los dilemas éticos de la inteligencia artificial.
La singularidad es inevitable. Lo que no es inevitable es cómo la enfrentaremos. Ese es el reto del nuevo liderazgo: transformar la cuerda floja en un puente sólido hacia un futuro más digno, más justo y más humano para todos.
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