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2026- La responsabilidad prima en un mundo sin certezas
El final de cada año invita, casi de manera natural, a la reflexión. Sin embargo, el cierre de este ciclo ocurre en un contexto que desborda el balance habitual.
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Viernes, 2 de Enero de 2026

En un contexto de plurincertidumbre e inestabilidad geopolítica, la responsabilidad colectiva se convierte en el principal activo para fortalecer la democracia, la cohesión social y las decisiones que marcarán el rumbo del país en un año electoral.

El final de cada año invita, casi de manera natural, a la reflexión. Sin embargo, el cierre de este ciclo ocurre en un contexto que desborda el balance habitual. Hoy no asistimos simplemente a una suma de acontecimientos, sino a una transformación simultánea de múltiples dimensiones que redefinen la forma en que vivimos, decidimos y convivimos como sociedad.

Las certezas únicas han quedado atrás. En su lugar, emerge un escenario de plurincertidumbre donde lo económico, lo social, lo ambiental, lo tecnológico y lo geopolítico se mueven al mismo tiempo, se entrecruzan y generan efectos que ya no reconocen fronteras. Conflictos internacionales, reacomodos del poder global, tensiones energéticas y comerciales, así como avances tecnológicos acelerados, terminan impactando la vida cotidiana de los territorios, los hogares y las personas.

La incertidumbre geopolítica, en particular, se ha convertido en un factor estructural del presente. Decisiones tomadas a miles de kilómetros pueden alterar cadenas de suministro, precios, flujos de inversión y condiciones de estabilidad en cuestión de semanas. Ya no se trata de eventos excepcionales, sino de una nueva normalidad que exige mayor capacidad de lectura, adaptación y respuesta colectiva, tanto desde el Estado como desde la ciudadanía.

Frente a este panorama, la responsabilidad adquiere un sentido más profundo. Deja de ser una consigna abstracta o un deber administrativo y se convierte en un principio ético esencial. Responsabilidad para comunicar con rigor, para gobernar con visión, para producir y consumir con consciencia, y para relacionarnos con respeto en medio de la diferencia, la tensión y la diversidad de opiniones.

Este año deja una lección clara: no todo puede preverse ni controlarse, pero sí es posible decidir cómo actuar ante la incertidumbre. Las sociedades pueden optar por el miedo, la polarización y la improvisación, o pueden elegir la serenidad, la cooperación y la responsabilidad compartida. Esa decisión define la calidad del debate público, la fortaleza institucional y la confianza social.

El nuevo año, además, estará marcado por elecciones de Congreso y Presidencia, un momento decisivo para la democracia y el rumbo del país. En contextos de alta incertidumbre global, estos procesos adquieren un valor especial: no solo por la elección de parlamentarios y del jefe de Estado, sino por la oportunidad de fortalecer una ciudadanía informada, crítica y consciente de la trascendencia histórica de sus decisiones.

La responsabilidad colectiva implica informarse, contrastar fuentes, deliberar con respeto, rechazar la desinformación y comprender que cada decisión —incluido el voto— tiene efectos que van mucho más allá del corto plazo. Implica también reconocer que los grandes desafíos del país no se resuelven desde la confrontación permanente, sino desde la construcción de consensos básicos que garanticen estabilidad, gobernabilidad y cohesión social.

De cara al nuevo año, el desafío no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en aprender a convivir con ella de manera inteligente y responsable. Leer los cambios globales con criterio, fortalecer las instituciones, cuidar la democracia y sostener la esperanza anclada en acciones concretas será clave para avanzar como sociedad.

En tiempos de plurincertidumbre y tensiones geopolíticas, la responsabilidad se convierte en el principal activo de una democracia. Es ella la que permite transformar el riesgo en oportunidad, el cambio en aprendizaje y la complejidad en un impulso para construir un futuro más estable y compartido.

Cerrar el año con esta reflexión no es  ejercicio de madurez cívica. Porque incluso en un mundo sin certezas, el verdadero punto de partida sigue siendo el mismo: el cambio comienza por mí.


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