A bordo de los tradicionales motorodillos, tras un breve recorrido por las antiguas vías del ferrocarril y una corta caminata, surge una silueta imponente: el histórico árbol de caracolí, el último gigante de la zona semiurbana con una historia fascinante que aún se escribe. Pese a su importancia en esta tierra de paz y gente amable, su vida está en riesgo. Por eso sus habitantes claman por salvarlo, pues la ruina lo asedia.
Este árbol —de tronco más bien liso, color claro, de semillas redondas y oscuras, y hojas en forma de “pera”— es todo un portento de la naturaleza. Según los registros que tiene la alcaldía, tras dos siglos de antigüedad hoy tiene una descomunal altura de 80 metros —es tan grande como un edificio de casi 10 pisos— y tiene un diámetro en su tronco de casi nueve metros. Es decir que prácticamente triplica las dimensiones de sus hermanos de la especie Anacardium Excelsum diseminados por el Valle de Aburrá.
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El árbol se encuentra en un punto en el que convergen las veredas Sardinas de La Plata y El 62, y por donde también discurre la quebrada La Reina. Justo el día de la visita de El Colombiano, hasta allí llegó un grupo de estudiantes de un colegio de Medellín. Para darle la vuelta completa al tronco se necesitaron más de 12 niños unidos por sus manos, los cuales quedaron maravillados por sus dimensiones. Y ver un niño sorprendido en estos tiempos de sobre-estímulos y TikTok es otra proeza que hay que sumarle al caracolí de Caracolí.
Pero no solo dimensiones enormes tiene este peculiar caracolí. Su historia ligada al transporte y desarrollo del territorio es cuando menos un aliciente suficiente para que lo metan entre las páginas de los “personajes ilustres” del departamento.
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Y es que cuando se habla de las grandes gestas que han tenido lugar en Antioquia siempre se ensalzan los nombres y apellidos de sus artífices, pero rara vez los anaqueles mencionan los sacrificios de la naturaleza detrás de las efemérides de los libros de historia. ¿Se sabe cuántas mulas murieron despeñadas o de fatiga durante la Colonización Antioqueña? ¿O cuántos árboles se talaron para erigir el Puente de Occidente o los caseríos que luego se volvieron las ciudades que pululan en el departamento? Hoy, por fortuna, podemos hacer un poco de justicia narrando la historia de este árbol que por más de 200 años ha sido uno de los protagonistas de ese municipio que tiene el mérito de haberse consagrado como la unión entre el Nordeste y el Magdalena Medio en esa hazaña que fue la construcción el Ferrocarril de Antioquia.
Según detalló Juliana Márquez Jaramillo, secretaria de Agricultura, Desarrollo Rural y Medio Ambiente del municipio, en la historia comentada de generación en generación en Caracolí no quedó registro de si el árbol es nativo o si fue diseminado por la tribu de los tahamíes, los primeros pobladores de la zona.
Lo que sí ha perdurado es que desde la época de los arrieros el enorme árbol era un punto de referencia para los baquianos que buscaban llegar desde el Oriente y el Aburrá hacia el río Magdalena con las recuas de mulas cargadas de mercancía.
“Por ser un árbol frondoso y estar luego de la pendiente del Alto de La Reina, los arrieros se encontraban acá para descansar, aprovechando que por acá también pasa la quebrada La Reina. Entonces ellos decían, 'nos encontramos en el Caracolí' haciendo referencia a este punto”, dice Márquez.
Algunos registros apoyan esta teoría e incluso señalan que había una fonda arriera al lado del caracolí que se llamaba San Felipe de las Barajas, no en homenaje del aguerrido castillo cartagenero, sino porque allí los arrieros (como buenos tahúres) se jugaban sus jornales en juegos de azar como las barajas.
Otro dato que refuerza esta idea está en la semblanza al empresario Gabriel Ángel, hecha en este diario en noviembre de 1968. En ella se comentó que a principios del siglo XX el magnate enviaba recuas de mulas desde el Aburrá y el Oriente cargadas de maíz, café y frijol hasta el poblado de Caracolí para allí alcanzar la vía férrea al Magdalena que las sacaría al exterior.
Pero no solo a caminos de herradura está ligada la historia del caracolí. Para 1872, gracias al esfuerzo de aguerridos pioneros como Rodolfo Ceballos y Alejandro Patiño, se fundó el caserío de Sardinas de La Plata. Para el 7 de agosto de 1897 se fundó en sus inmediaciones la estación Caracolí del Ferrocarril de Antioquia, nombrada así por la referencia que tenían los arrieros y la cantidad de estos árboles en la zona. Sin embargo, estos empezaron a mermar de manera considerable, pues la resistente y portentosa madera de esta especie sirvió para la vertiginosa construcción en pos del desarrollo ferroviario del caserío que, con su nuevo nombre de Caracolí, finalmente pasó a ser corregimiento del vecino San Roque en 1905.
“Cuando se inicia la construcción del paso del ferrocarril por este municipio se usaron muchos de estos árboles para construir o reformar las estructuras. Incluso pensamos que parte del techo de la estación en el centro del municipio tiene madera de caracolíes”, anotó Márquez
Muy seguramente cientos de kilómetros de durmientes de los rieles del ferrocarril, en su unión entre Medellín y el Magdalena, se hicieron con la madera de los tatarabuelos del protagonista de esta historia. Y hasta vigas o polines de antiguas casas e iglesias caracoliseñas debieron de haberse compuesto de largueros hechos de árboles tan antiguos como el árbol que rodearon los 12 niños el miércoles pasado.
De hecho, una de las estructuras patrimoniales del municipio era el puente de El Socorro, el cual, según recordó el exalcalde Leoncio Cadavid, tenía maderas de caracolí en sus laterales y cubiertas. Infortunadamente la estructura se la llevó una borrasca a inicios de la década del 2000.
A raíz de tanta tala de árboles, el caracolí se volvió el sobreviviente más antiguo de su especie; presenció esos años de desarrollo ligados a las locomotoras que atravesaban el pueblo de camino hacia Medellín y Puerto Berrío.
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Hoy en día la relación de este caracolí con la conexión terrestre se mantiene, pues para poder llegar desde Medellín al centro del municipio sí o sí hay que pasar a su lado, hecho que sirve de referencia a los lugareños para avisar a familiares y amigos que ya están cerca de llegar al pueblo o para que los que retornan al municipio tras varios años recuerden sus raíces.
“Si hoy nos paramos acá al lado del árbol y miramos hacia cada uno de sus costados, estaremos muy cerca del camino de los arrieros que aún sirve para ir a algunas veredas; la carretera a Medellín; y lo que queda de la vía del ferrocarril. Este árbol es el punto alrededor del desarrollo vial del municipio”, cuenta Jazmín Henao, promotora turística de la Alcaldía.
El árbol de caracolí es tan importante para la historia del municipio, erigido como tal oficialmente en 1963, que tiene hasta fiestas locales el 20 de julio, espacio en el escudo y estrofa en el himno municipal. “Tendido como velo en la hondonada, en verde valle fecundaste allí, ese gigante inspiró tu nombre, árbol frondoso del caracolí. Es tu signo árbol más esbelto, bello ramaje que su tronco abraza, son fuertes sus cimientos y es altivo, como somos los hijos de su raza”, reza el himno en honor a la planta.
Cabalgatas recreativas y celebraciones del Día del Árbol han tenido como punto de inicio o epicentro sus amplias raíces.
Artículo tomado de El Colombiano.
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