La inteligencia artificial avanza con una velocidad que desafía los modelos tradicionales de trabajo y educación. Mientras automatiza procesos y redefine funciones, también expone una crisis más profunda: la desconexión entre productividad, sentido y formación en el mundo laboral contemporáneo.
Ese fue el punto de partida del panel ‘Personas, propósito y productividad: el nuevo paradigma del trabajo’, que reunió a representantes de empresas, organizaciones sociales y el sector educativo, quienes coincidieron en que el impacto de la IA ya no puede analizarse solo desde la eficiencia tecnológica, sino desde su efecto humano y cultural.
Los expertos advirtieron que las organizaciones enfrentan hoy un doble desafío. Por un lado, integrar herramientas de inteligencia artificial para seguir siendo competitivas; por otro, reconstruir un relato de propósito capaz de motivar, retener talento y orientar la toma de decisiones.
“La productividad sin propósito es frágil”, señaló Mónica Flores Barragán, presidenta de Manpower Group LATAM, durante el encuentro. Según explicó, los indicadores tradicionales ya no bastan para sostener el compromiso de equipos cada vez más diversos y exigentes.
En ese contexto, las nuevas generaciones aparecen como un factor de presión y cambio. “Ya no buscan solo un empleo estable, sino entender el impacto de lo que hacen. Si no encuentran sentido, se van”, dijo la ejecutiva.
El propósito como eje organizacional
Uno de los consensos del panel fue que el propósito dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en una herramienta estratégica. En palabras de los ponentes, funciona como un marco que ordena decisiones, prioriza inversiones y alinea a los equipos.
Desde el sector tecnológico, Lilia Correa, directora de Gestión del Conocimiento, Aprendizaje y Marketing de Producto, LATAM MercadoLibre, explicó que el propósito actúa como una brújula en entornos dominados por la velocidad y la incertidumbre. “La IA nos permite ir más rápido, pero no nos dice hacia dónde”.
Según la ejecutiva, las compañías que no definen con claridad su impacto social corren el riesgo de optimizar procesos que ya no responden a las expectativas de consumidores, empleados ni comunidades. “La tecnología amplifica lo que ya somos”, advirtió.
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La discusión también puso el foco en el liderazgo. Flores Barragán dijo que “el propósito no puede delegarse en campañas internas. Son los líderes quienes deben traducirlo en objetivos cotidianos”.
A su juicio, explicar cómo cada rol contribuye a algo mayor que el resultado financiero es clave para la retención del talento joven. “Las personas no renuncian solo a empresas, renuncian a la falta de coherencia”, afirmó.
Los panelistas coincidieron en que el liderazgo actual exige mayor capacidad de escucha, adaptación y claridad ética. La rapidez del cambio tecnológico obliga a revisar estrategias con frecuencia y a construir culturas organizacionales más flexibles y humanas.
La IA y el desafío de formar personas
Lejos de los discursos apocalípticos, la inteligencia artificial fue presentada como una herramienta de transformación que expone, más que reemplaza, el valor humano. “La IA hará mejor lo repetitivo, pero no puede sustituir el criterio ni la empatía”, señaló Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tecnológico de Monterrey.
En áreas como desarrollo de productos, marketing o servicio al cliente, los participantes destacaron que la IA ya acelera procesos, mejora la personalización y amplía el análisis de datos. Sin embargo, insistieron en que su adopción requiere gestión del cambio.
“La tecnología no fracasa por falta de capacidad, sino por falta de comprensión”, la vocera de MercadoLibre. Según explicó, muchas resistencias surgen cuando las personas no entienden el propósito de las herramientas ni su impacto en el trabajo diario.
El debate se extendió al ámbito educativo, donde los retos son igualmente profundos. Universidades y centros de formación deben preparar a profesionales para un mercado laboral cambiante, con contenidos técnicos que envejecen rápidamente.
“Hoy no formamos para un oficio, sino para múltiples transiciones. La educación debe priorizar el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de aprender de manera continua”, afirmó Guzmán.
Los expertos coincidieron en que la enseñanza de la inteligencia artificial no puede limitarse a lo técnico. “La pregunta no es solo cómo usar la tecnología, sino para qué. Sin ética y criterio, la IA amplifica errores”, expresó el vocero del Tecnológico de Monterrey.
También se destacó la importancia de reforzar habilidades humanas como la colaboración, la lectura del contexto y la toma de decisiones informadas. En un entorno saturado de información, saber filtrar y encontrar sentido se vuelve una competencia central.
El panel magistral del IFE Conference 2026 concluyó que la brecha entre empresas y educación solo puede cerrarse con mayor diálogo y corresponsabilidad. La formación de las nuevas generaciones no es solo tarea de las aulas, ni la productividad depende únicamente de la tecnología.
En la era de la inteligencia artificial, coincidieron los ponentes, el verdadero desafío es redefinir el sentido del trabajo y de la formación. Sin propósito, liderazgo y enfoque humano, la innovación corre el riesgo de avanzar sin dirección clara.
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