El Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn es uno de los centros carcelarios con más historia. Más que una prisión federal, el lugar se ha convertido con los años en un punto de cruce para algunos de los nombres más polémicos y mediáticos del mundo. Ahora, a esa lista se suma el expresidente venezolano Nicolás Maduro, recluido allí junto a su esposa Cilia Flores mientras enfrenta cargos en Estados Unidos.
El ingreso de la pareja al MDC no solo marca el inicio formal de su proceso judicial en Nueva York, sino que los ubica en una cárcel conocida por recibir a detenidos cuyo impacto trasciende los tribunales. Maduro y Flores comparecieron ante una corte federal y se declararon no culpables, permaneciendo bajo custodia sin solicitar libertad provisional.
MDC Brooklyn: un lugar compartido con figuras conocidas
El MDC Brooklyn no destaca únicamente por su ubicación estratégica o su función como centro de detención preventiva. Su notoriedad se debe, en gran parte, a los perfiles que han ocupado sus celdas. Por allí han pasado personajes que dominaron titulares durante años, desde el narcotráfico hasta la industria del entretenimiento.
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Entre los más conocidos figura Joaquín Guzmán, alias “El Chapo”, uno de los capos más temidos del continente, así como R. Kelly, condenado por delitos sexuales, y Martin Shkreli, el empresario farmacéutico que se convirtió en símbolo del abuso corporativo.
El listado continúa con Ghislaine Maxwell, implicada en una de las redes de tráfico sexual más mediáticas de las últimas décadas, y Sam Bankman-Fried, cuyo caso sacudió el mundo de las criptomonedas. Actualmente, también permanecen allí figuras como Ismael Zambada García, conocido como “El Mayo”, además de artistas del género urbano y otros procesados en casos de alto impacto judicial como Luigi Mangione, Sean ‘Diddy’ Combs y el rapero Tekashi.
Incluso líderes políticos han ocupado este mismo espacio. El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández estuvo recluido en el MDC antes de ser condenado por delitos relacionados con el narcotráfico, en un caso que marcó un precedente regional.
Más allá de los nombres, la prisión arrastra una reputación compleja. Construida en la década de 1990 para aliviar la sobrepoblación carcelaria en Nueva York, hoy es la única cárcel federal activa en la ciudad. Abogados e internos han señalado deficiencias estructurales, ruidos constantes, problemas de iluminación y limitaciones en los servicios, en un recinto que alberga a más de 1.300 personas.
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