Bastaron apenas seis días para que se registrara la primera masacre del año en Cúcuta y su área metropolitana. Las víctimas fueron tres amigos que pasaron sus últimos momentos juntos, presuntamente consumiendo marihuana y compartiendo una de las grandes pasiones de sus vidas: las motocicletas.
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Las cortas vidas adultas de Michael Steven Lobo Melgarejo, Cristian Alejandro Jaimes Mariño y Ángelo Leonardo Pinzón Ascencio estuvieron marcadas por la presencia constante de las motos, al igual que su muerte, pues fue en un vehículo de ese tipo que la violencia los alcanzó.
El crimen ocurrió en la trocha Cormoranes, que conecta las torres residenciales del mismo nombre con el Anillo Vial Occidental, en la ciudadela Juan Atalaya. Allí, donde tantas tardes habían compartido juntos, los jóvenes solían reunirse con otros integrantes de un grupo que era habitual ver en la zona.
En varias motocicletas, algunas veces estacionadas y otras a alta velocidad, participaban en carreras clandestinas entre ellos mismos. El humo y las risas solían acompañar estos encuentros, conformados por jóvenes menores de 23 años.
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El ataque
Fue precisamente en medio de una de estas jornadas cuando se produjo el violento triple asesinato. El hecho ocurrió en cuestión de segundos y no dejó testigos; y de haberlos, no han salido a la luz pública.
Lo que se conoce hasta ahora es que sucedió sobre las 5:30 de la tarde del pasado martes, 6 de enero, a aproximadamente 500 metros de la entrada a la trocha, cerca de las torres residenciales. De manera preliminar se informó que dos sujetos a bordo de una motocicleta llegaron hasta el punto donde las víctimas se encontraban departiendo.
En un ataque arrasador, los criminales dispararon en repetidas ocasiones —casi una decena de veces— contra los jóvenes, quienes cayeron a un costado de la vía. Dos de ellos quedaron tendidos juntos, al lado de dos motocicletas que se derrumbaron: una sobre el asfalto y la otra sobre la vegetación.
El tercero habría intentado escapar, pues su cuerpo fue hallado varios metros más adelante, también junto a otras dos motos que se encontraban parqueadas en el lugar.
En total, en la escena había cuatro motocicletas junto a los tres cadáveres, lo que permite presumir que el grupo era más numeroso y que algunos de sus integrantes lograron huir ilesos.
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Tras consumar la masacre, los responsables, quienes se movilizaban en una motocicleta Suzuki GN negra, huyeron con rumbo desconocido.
La situación fue advertida por un transeúnte, quien alertó a las autoridades. Una patrulla de la Policía llegó al sitio y confirmó lo ocurrido, por lo que procedió a acordonar la escena mientras se esperaba la llegada de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho).
En medio de la oscuridad de la noche, mitigada por las luces de carros y motos estacionados en el sector, el personal especializado realizó el levantamiento de los cuerpos ante la mirada de decenas de curiosos congregados tras las cintas de seguridad.
Entre ellos se encontraban familiares de las víctimas, quienes llegaron entre lamentos y lágrimas para confirmar la muerte de sus hijos y hermanos.
Las autoridades activaron un Plan Candado para dar con el paradero de los responsables; sin embargo, al cierre de esta edición no se reportó ninguna captura.
Con el paso de las horas, en el lugar solo quedaron rastros de sangre, un casquillo calibre 9 milímetros sobre la vegetación cercana y evidencias de lo que los jóvenes habrían hecho antes del ataque: una herramienta para moler marihuana y una vela completamente derretida, colocada sobre el andén.
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¿Por estupefacientes?
La investigación continúa en curso y, según lo declarado por el coronel Johnny Castillo, comandante operativo encargado de la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), ya se maneja una primera hipótesis.
“La hipótesis preliminar indica que este crimen responde, presuntamente, a una confrontación entre bandas criminales por el control del microtráfico en esta zona”, afirmó el oficial.
Castillo agregó que se designó un grupo especializado de investigadores para esclarecer los móviles del homicidio, el cual estaría relacionado con las bandas que tienen presencia en la Comuna 7 de Cúcuta.
Recordó además que en barrios aledaños a las torres Cormoranes, como Motilones, Ospina Pérez, Tucunaré, Buenos Aires y La Ermita, se registraron varios homicidios, ataques armados e incluso atentados con granadas a finales del año pasado, en el marco de esta disputa.
Hasta el momento se desconoce si el ataque estaba dirigido contra alguna de las víctimas mortales o contra quienes lograron sobrevivir. Tampoco se descarta que el hecho haya sido un mensaje intimidatorio por parte de una de las estructuras criminales que operan en el sector.
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