La región del Catatumbo ha transcurrido las últimas cinco décadas en confrontación por la disputa de su territorio por parte de actores armados. En el último año, este territorio ha sido escenario de la más cruenta guerra entre el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y el frente 33 de las disidencias de las antiguas Farc. El balance es crítico: más de 120 personas muertas, alrededor de 100.000 desplazadas y cerca de 300 confinadas en medio de los combates.
Los enfrentamientos no han disminuido. Por el contrario, se han intensificado y afectan de forma directa a centenares de familias campesinas que permanecen en medio del fuego cruzado. Aunque organizaciones sociales, líderes comunitarios y la Iglesia Católica han pedido un cese de hostilidades, en el territorio la violencia continúa y la crisis humanitaria se agrava.
La disputa por el control de una zona donde existen cerca de 55.000 hectáreas de cultivos de coca ha elevado el nivel de confrontación a escenarios inéditos para sus habitantes, incluido el uso de drones con explosivos. Tras la firma del Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno y las antiguas Farc, se esperaba una reducción sostenida de la violencia, pero en el Catatumbo ese propósito no se consolidó, según coinciden líderes de la región.
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Ante este panorama y la actual coyuntura política, La Opinión consultó a aspirantes a las curules de paz de la Circunscripción Transitoria Especial de Paz (Citrep) en el Catatumbo sobre las causas que han frenado la estabilización del territorio y las propuestas que impulsarían desde el Congreso.