Gran parte de la controversia giró alrededor de la participación del empresario Jeff Bezos y su pareja Lauren Sánchez, quienes estuvieron vinculados al evento y cuya presencia generó rechazo entre activistas y algunos sectores del público.
Los críticos señalaron que la gala se ha convertido cada vez más en una vitrina de poder económico y exclusividad, alejada de las problemáticas sociales y laborales que afectan a millones de personas.
Además, grupos de protesta apuntaron directamente contra Amazon, compañía fundada por Bezos, por denuncias relacionadas con condiciones laborales y prácticas empresariales cuestionadas en distintos países.
Las manifestaciones incluyeron acciones simbólicas y performances callejeros. Uno de los actos que más llamó la atención fue la instalación de cientos de botellas que simulaban contener orina dentro de una intervención artística vinculada a denuncias históricas sobre condiciones de trabajo en centros logísticos de Amazon.
Además, colectivos organizaron un evento alternativo denominado “Ball Without Billionaires” (“Baile sin multimillonarios”), una especie de contraparte de la Met Gala protagonizada por trabajadores y activistas que buscaban enviar un mensaje sobre desigualdad y acceso a la cultura.
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