Las investigaciones han determinado que esta estructura clandestina estaba bajo el control de la subestructura Gener Morales del Clan del Golfo y representaba un flujo de ingresos cercano a los $12.000 millones mensuales.
Estos recursos eran utilizados para la compra de armamento, explosivos y el reclutamiento de nuevos integrantes, con el objetivo de consolidar su presencia en el Oriente antioqueño. La cocaína procesada en el laboratorio tenía como destino final el mercado internacional.
El hallazgo de este laboratorio no solo revela la expansión del Clan del Golfo en el Oriente antioqueño, sino que también confirma su estrategia de establecer una red de procesamiento de estupefacientes en municipios clave. En los últimos años, las autoridades han detectado infraestructuras similares en San Francisco, Cocorná, San Carlos, San Rafael, Guatapé, El Peñol y ahora Concepción, localidades cada vez más cercanas a Medellín.
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Históricamente, organizaciones como el Eln, las Farc y el Cartel de Medellín han utilizado los bosques y selvas del Magdalena Medio y el Oriente lejano para estos fines, pero el Clan del Golfo ha consolidado una nueva ruta de producción en la zona.
Además del narcotráfico, la minería ilegal de oro sigue siendo una preocupación creciente en la región. Aunque las autoridades locales han optado por desestimar su impacto, su avance es evidente y afecta la biodiversidad, las principales cuencas del Oriente y la generación de energía, ya que los ríos de la región producen el 30% de la energía hidroeléctrica del país.
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