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Un año de conflicto marcado por los drones explosivos: el balance de la Operación Catatumbo
Más de ocho mil hombres de distintas unidades del Ejército han mantenido presencia en el territorio.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 16 de Enero de 2026

Cuando ya se cumple un año de aquel fatídico 16 de enero, en el cual se incrementaron las confrontaciones, y la Operación Catatumbo pasó por varias fases, la intensidad del conflicto armado ha fluctuado por diversos escenarios en esa subregión de Norte de Santander que ahora es surcada por los drones explosivos.


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En un primer momento se hizo un despliegue de 8.000 uniformados de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra), la Fuerza de Tarea Vulcano, unidades de la Brigada 30, de la Brigada contra el Narcotráfico, y del Batallón de Fuerzas Especiales Rurales Nª 5, que no se han retirado del territorio catatumbero hasta la fecha. Este número se ha mantenido estable durante los 12 meses, sin contar con mayores variaciones.

Al comienzo la Fuerza Pública enfocó la prioridad al acompañamiento para la evacuación de las miles de familias que salieron desplazadas del Catatumbo, y posteriormente se fortaleció la presencia militar en la zona, y en la actualidad el esfuerzo está en mantener la situación estable, según las autoridades.

Este conflicto inició con una arremetida del Ejército de Liberación Nacional (Eln) contra las disidencias de las Farc, posteriormente, tras una reagrupación del frente 33, estos respondieron, siempre con una misma misión, tener el control de territorios claves para la fabricación, distribución y transporte de estupefacientes, el gran negocio detrás de esta guerra.

En el punto más álgido, al inicio de los enfrentamientos armados, hubo cuatro áreas de confrontaciones focalizadas, aunque en la actualidad se mantienen solamente dos: una entre los límites de Pacelli y Filo El Gringo, en jurisdicciones de Tibú y El Tarra. Y la otra en la vía que conduce de Tibú a La Gabarra, específicamente en el kilómetro 14.

Precisamente en esta vía, durante las últimas semanas del año pasado se presentaron constantes secuestros por parte de sujetos armados, principalmente a hombres, algunos de los cuales luego eran encontrados sin vida en zonas rurales cercanas, tras recibir varios impactos de bala. En esa misma vía, en diciembre un vehículo fue incinerado, medidas amenazantes contra la comunidad.


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El conflicto en cifras

Una de las episodios más curiosos ocurridos durante el inició del recrudecimiento, fue la presentación voluntaria de integrantes de estas organizaciones, especialmente del Frente 33 de la disidencia ante las autoridades. En total hubo 10 casos. El personal militar explica que la mayoría de estos eran jóvenes, recientemente reclutados forzadamente.

“Quizá por el impacto psicológico de verse dentro de una guerra, algunos decidieron entregarse para salvaguardar sus vidas. Seguramente habrán muchos otros más que abandonaron pero se ‘perdieron’ en el territorio”, aclara un experto en la materia.

A lo largo de la operación, los uniformados lograron la captura de 157 integrantes de las estructuras, principalmente del Eln. Además de la recuperación de 42 menores, que habían sido instrumentalizados en medio del conflicto.

Respecto al material de guerra incautado, fue notorio el aumento de las incautaciones de artefactos explosivos, un total de 739. Esto no fue sorpresa para las autoridades, pues ya era una práctica común antes del recrudecimiento, lo que sí fue novedad fue la adición de los drones, de los cuales se incautaron 25 en total. Además, fueron 177 armas cortas; 159, largas; y 31 granadas.

Referente a las afectaciones contra los laboratorios, las autoridades explican que la mayoría de los ubicados y desmantelados fueron de pasta base de coca: un total de 351, con más de dos toneladas de este estupefaciente ya preparado, estos suelen localizarse en el Catatumbo.

Algo que resaltaron, fue el traslado al área metropolitana de Cúcuta de los laboratorios dedicados a la producción de clorhidrato de cocaína, de los cuales se ubicaron 77, incautando más de 18 toneladas de esta sustancia, ya lista para su comercialización.

Respecto a un cese en el conflicto, el coronel Rojas ve la situación muy complicada: “mientras esté el negocio del narcotráfico, van a seguir las confrontaciones”, manifestó el oficial.


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Uso de drones explosivos

Una de las grandes innovaciones presentadas por la disidencia de las Farc y el Eln, en medio del recrudecimiento del conflicto en el Catatumbo, fue el uso de drones, como una nueva herramienta de guerra. Aunque la inteligencia militar sugiere que esta modalidad no fue ideada en este territorio, sino adoptada de otras regiones, es la gran amenaza que enfrentan las autoridades en medio de la Operación Catatumbo.

Según lo manifestado por el coronel Jesús Alfonso Rojas, segundo comandante de la Trigésima Brigada del Ejército Nacional, en los últimos meses la institución ha hecho un esfuerzo significativo en la adquisición de tecnologías para contrarrestar estos atentados.

El oficial agrega que esta modalidad ya hace parte de los grandes conflictos internacionales, refiriéndose a la guerra en Ucrania, y sugiere que no se sorprendería si en un futuro no tan lejano esta modalidad es adoptada por bandas criminales para acciones delictivas comunes en zonas urbanas.

Por su facilidad de adquisición, pudiendo ser comprados online o en tiendas de tecnología, los guerrilleros se han capacitado para su manejo y logrado perfeccionar su uso, para que sigan rutas específicas y obedezcan diferentes comandos, principalmente que dejen caer la carga explosiva sobre un objetivo específico y luego regresen al lugar de origen.


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El coronel aclaró que el primer uso de esta modalidad en el país se dio en el Cauca, posteriormente fue adoptada por los diferentes frentes y estructuras de estas organizaciones. En medio del conflicto territorial, uno de los sectores más afectados por esta modalidad fue Filo El Gringo, en la zona rural de El Tarra.

Allí, en octubre, un hombre de 63 años perdió la vida en uno de estos ataques, además su esposa resultó lesionada. Otro sector bastante afectado es la vereda 20 de Julio, en la zona rural de Tibú, allí en mayo se dio uno de los casos más impactantes, con la muerte de Luis Antonio Aragón, un niño de apenas 12 años.

En la actualidad, las herramientas antidrones manejadas en el batallón de Cúcuta, permiten no solo paralizar el artefacto volador, sino establecer la posición de quien lo está manejando.

Además, hay diferentes herramientas inhibidoras de estos artefactos voladores, que permiten derribarlos o detenerlos antes de que puedan representar un peligro para edificios o complejos institucionales y del gobierno.


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