Foto tomada de Colprensa
El conflicto armado en Colombia ha sido contado, durante décadas, a partir del dolor de las personas por las masacres y desapariciones, el desplazamiento de comunidades y la destrucción. Sin embargo, en medio de la guerra, hay una tragedia no visibilizada ni reconocida por las instituciones ni por la justicia: la violencia constante contra los animales.
El informe ‘Daños Invisibles: la violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia (2017–2026)’, elaborado por la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), muestra una realidad alarmante con una cifra que impacta: en el país, cada 30 minutos un animal muere o resulta herido por la guerra.
El Catatumbo: lo que pasa antes de la violencia
Para entender qué tan grave es esta situación, es clave darle una mirada a Norte de Santander, especialmente a la subregión del Catatumbo. Allí, la violencia no solo se escucha en los disparos, sino también en un silencio forzado y aterrador.
Según el abogado y defensor de los derechos humanos y de los animales, Carlos Andrés Muñoz López, antes de que ocurran masacres o movimientos de grupos armados, se hace una especie de “limpieza”: envenenan de manera masiva a los perros de las zonas rurales.
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Muñoz López explica que, hace cerca de año y medio, 80 perros fueron asesinados en el Catatumbo justo antes de una incursión armada con la cual estalló la guerra entre el Eln y la disidencia de las Farc, y que obligó a miles de personas a desplazarse hacia Cúcuta.
Esto no es algo nuevo, sino una estrategia pensada. Los animales, por su capacidad de oír y oler con facilidad, funcionan en el campo como una especie de “alarma” que detecta la llegada de extraños a las veredas.
Al matarlos, los grupos armados logran entrar sin ser detectados. Este tipo de práctica ya se usaba desde hace años. Por ejemplo, Salvatore Mancuso la empleó en 1999 antes de la Masacre de La Gabarra, lo que demuestra que la muerte de animales ha sido parte constante de la guerra en esta región.
Pero el daño en el Catatumbo no se queda solo en los animales domésticos.
En lo profundo de la selva, el mono araña (Ateles hybridus) está hoy en peligro muy alto de desaparecer. Esta es una de las 44 especies que la JEP identificó como en estado crítico debido al conflicto, no solo por los enfrentamientos, sino también por la destrucción de su hábitat a causa de la minería ilegal y el control del territorio por parte de grupos armados no estatales.
El preocupante panorama nacional
Aunque el Catatumbo es uno de los lugares más afectados, el informe de la JEP muestra que esta problemática ocurre en todo el país.
Entre 2017 y 2026, al menos 100.252 animales domésticos han sufrido consecuencias por la guerra. Estas situaciones van desde el abandono cuando sus dueños se ven obligados a desplazarse (27% de los casos), hasta heridas o muertes por explosivos o acciones militares directas (32%).

En cuanto a las regiones, Antioquia aparece como el departamento con más especies en riesgo, como el arrierito antioqueño y el paujil piquiazul.
En el Valle del Cauca, el Parque Nacional Natural Farallones de Cali enfrenta una presión constante. Ranas de cristal y serpientes propias de la zona mueren por la contaminación con mercurio, producto de la minería ilegal y la producción de cocaína.
La Jurisdicción Especial para la Paz señala a la disidencia de las Farc, especialmente al Frente Jaime Martínez liderado por Iván Mordisco, como uno de los principales responsables de las acciones que más impactan contra la fauna. El documento lo señala de ser “el grupo armado no estatal que más estaría amenazando a las especies de animales silvestres"
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¿Sabías que...?
- Loros en el frente: Se han registrado casos de loros que, al imitar la voz humana, terminan repitiendo frases como "Viva la guerrilla" o "Paraco asesino", sin entenderlo, convirtiéndose en transmisores involuntarios de mensajes de guerra.
- La tortura de las avispas: En Puerto Triunfo, grupos paramilitares enterraban a sus víctimas dejando solo la cabeza por fuera, luego les ponían miel para atraer avispas y provocar ataques como forma de castigo.
- Perfidia y explosivos: El uso de animales como el "burro-bomba" en Chalán (1996) es considerado por el Derecho Internacional Humanitario como un acto de engaño grave, porque se aprovecha de la apariencia inofensiva del animal para atacar.
- Ranas en riesgo: 36 especies de ranas (de los géneros Atelopus y Pristimantis) están en peligro crítico en Colombia. Si desaparecen, se produciría un efecto en cadena que alteraría el control de insectos y el equilibrio de los ecosistemas.
- Amuletos de sangre: Algunos combatientes practican rituales que incluyen beber sangre de animales o usar partes como colmillos, creyendo que así se protegen de las balas o se vuelven más agresivos en los combates contra el enemigo.
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Infografía creada por la inteligencia artificial Notebook LM con base al informe Daños Invisibles: la violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia (2017–2026) | Jurisdicción Especial para La Paz.
Las nueve formas de horror
El informe de la UIA identifica nueve maneras en que los grupos armados han usado a los animales como parte de la guerra. Además de emplearlos para transportar carga en zonas difíciles, como mulas o caballos, también se han documentado prácticas más graves, como el uso de enfermedades transmitidas de animales a humanos de forma intencional.
Incluso, los animales han sido utilizados para intimidar y extorsionar. En Sucre, por ejemplo, grupos criminales matan reses con motosierras frente a los dueños de fincas por no pagar la “vacuna”, dejando los cuerpos como una advertencia para toda la comunidad.
“El 11 de marzo de 2023, miembros de un grupo armado ilegal empleando motosierras sacrificaron 6 reses en una finca ubicada sobre la vía que de Chinú conduce a Sampués, Sucre. Luego de sacrificar y descuartizar a los animales gran parte de la carne fue abandonada, por lo que se intuye que podría tratarse represalias por el no pago de una extorsión”, narra el informe de la JEP.
Así las cosas, la investigación sostiene que los animales son vistos como recursos dentro de una economía de guerra, sin diferenciar entre un ser que siente y un objeto.
Animales como víctimas reconocidas del conflicto
Actualmente, la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas) dice que solo los seres humanos pueden ser reconocidos como víctimas del conflicto de manera formal.
Sin embargo, el abogado y defensor Carlos Muñoz López señala que este informe de la JEP abre una discusión muy importante. Ya existe un proyecto de ley en el Congreso de la República para que los animales sean reconocidos como víctimas, lo que podría avanzar gracias a estas evidencias.
La JEP plantea una mirada que pone en el centro a la naturaleza, apoyándose en decisiones de las altas cortes, que reconocen a los animales como seres que sienten y que tienen valor por sí mismos, más allá de lo que representen para las personas.
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Reconocerlos como víctimas permitiría crear medidas de reparación para la recuperación de sus hábitats, brindarles atención veterinaria en zonas afectadas por el desplazamiento y contar sus historias dentro de la memoria del conflicto armado.
Una paz que no deje a nadie atrás
Este informe invita a repensar lo que significa la reconciliación. La paz en Colombia no puede limitarse a reconstruir relaciones entre personas; también debe incluir el cuidado de los ecosistemas y la protección de todas las formas de vida afectadas por la violencia.
Como dicen los investigadores: "lo que no se nombra, no se mide; y lo que no se mide, difícilmente entra en el campo de las decisiones de la justicia".
Hoy, al visibilizar el sufrimiento del mono araña (Ateles hybridus) en el Catatumbo o del perro campesino envenenado, Colombia da un primer paso para sanar una herida que, aunque no siempre se ve, ha afectado profundamente su biodiversidad durante décadas.
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