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Las víctimas silenciosas del Catatumbo: las mascotas de los desplazados
Por el recrudecimiento del conflicto armado, miles de animales quedaron abandonados en el Catatumbo.
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Jhonatan Orjuela Prato
Jhonatan Orjuela Prato
Martes, 25 de Marzo de 2025

Miles de víctimas del desplazamiento forzado en la región del Catatumbo, por los enfrentamientos entre disidencias de las Farc y el Ejército de Liberación Nacional (Eln), han dejado atrás sus pertenencias, casas, familiares y también a sus animales.

Según cifras de la Gobernación de Norte de Santander, más de 59.000 personas han salido huyendo del Catatumbo desde el recrudecimiento del conflicto armado. 


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Casos como el de la mula “Simpática”, que perdió una pata por una mina antipersonas, cerca de La Gabarra; o el testimonio de Isabel Rincón, que se negó a abandonar su territorio para cuidar de sus 45 perros y 17 gatos; han mostrado por redes sociales la violencia contra los animales y el dilema humano de desprenderse de sus mascotas y animales de cría.

Los que se fueron

“Los animales llevaron la peor parte del conflicto porque tuvieron que lidiar con la repentina soledad en sus casas, sin saber cuándo volvería a ser todo normal”, declaró Heiny Camila Gómez, joven residente desplazada de Tibú que, con pesar, dejó atrás sus cuatro mascotas y los peces que servían de sustento a su familia.

La dificultad de transporte, la incertidumbre de no tener un lugar específico a donde llegar, la prisa y el miedo, son algunos de los factores por los que muchos de los desplazados no pudieron llevar consigo sus mascotas, “es la acción de desapego que tiene uno que vivir, uno sabe que tiene que salir, es la vida suya o dejarlos solos”, agregó Gómez.


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Los que volvieron

Farid Sánchez fue uno de los catatumberos que optaron regresar a sus viviendas en medio del conflicto. Al volver, se encontró con un panorama desolador, en el camino a su hogar vio “perros en la carretera todos perdidos, unos persiguiendo la caravana de motos que iba a Cúcuta”, dijo.

Al retornar, Sánchez notó a los animales desorientados y buscando a sus dueños. Vecinos, que eligieron quedarse, le comentaron que por las noches los escuchaban ladrar y llorar.

Parte de los desplazados optaron por dejar sus animales libres, para que pudieran rebuscarse la comida. “De regreso si pude ver como dos animales muertos en la carretera, imagino que por el tráfico que había esos días”, agregó Sánchez.

Los que se quedaron

Al igual que el caso de Isabel Rincón, otros se negaron a marcharse a pesar de la crítica tesitura. Situación por la que pasa una familia que se rehusó a abandonar la parcela que ha sido su hogar durante más de 30 años, “sentimos mucho temor al vernos solos porque la mayoría de los vecinos se fueron”, expresó una integrante.


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Siendo de las pocas personas que decidieron permanecer en la zona, recibieron animales de sus vecinos, “muchos buscaron refugio en mi casa, los cuales cuidamos y alimentamos”, comentó.

Añadieron que el entorno no ha dejado de ser hostil, “sentimos miedo de estar acá, hay mucha incertidumbre al no saber qué va a pasar, en las noches se oye pasar gente por estas palmeras”.

Los que vinieron

Algunas personas que escaparon de la región priorizando su integridad, lograron trasladarse en compañía de sus mascotas hacia los albergues habilitados en Cúcuta y Ocaña. Varios de los desplazados comentaron que les fue imposible desprenderse de sus mascotas, y la idea de dejarlos solos les “rompía el alma”.

Víctor Caicedo, concejal de Cúcuta, contó que apenas inició la llegada de desplazados, solicitó información a los Puestos de Mando Unificado (PMU), quienes le decían que empezaron a recibir personas con animales domésticos y de compañía. Caicedo manifiesta que algunos venían en malas condiciones, necesitando de atención veterinaria urgente.

Según un censo realizado por la Personería Municipal, más de 1.000 animales ingresaron a Cúcuta y su área metropolitana a raíz de la situación. El concejal afirma que se les hace un seguimiento semanal veterinario para la verificación de su integridad.


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¿Qué ha pasado con ellos?

Andrea Padilla, senadora de la nación, participó en la recolección de donaciones para llevar más de 4.4 toneladas de ayudas, entre alimentos, medicamentos e insumos útiles para su sostenimiento.

“Yo fui parte de esa expresión social tan bonita que permitió que muchos corazones se unieran, trabajaron mancomunadamente muchas organizaciones. La Gobernación de Norte de Santander tuvo un rol muy importante, con apoyo del gobernador llevamos las donaciones a Ocaña y Tibú. Fue sorprendente porque logramos que los alimentos llegaran a donde está el conflicto”, dice Caicedo, quien también participó en la recolección y entrega de ayudas.

Misión Animal Colombia es una organización sin ánimo de lucro que también actuó en la entrega de ayudas para esta situación. Su director, Jonathan Delgado, declaró que además participaron en cuatro jornadas de esterilización, dos en Cúcuta y dos en Ocaña, para los animales que llegaron a los albergues humanitarios.

La comunidad destaca el trabajo en equipo que se generó de la unión de entidades gubernamentales, empresas privadas, fundaciones, animalistas y población civil en medio de una situación sorpresiva y de alta complejidad.


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