La tragedia es más grande
Sin embargo, estas cifras no reflejan del todo la dimensión de la tragedia. En el Catatumbo hay familias que han tenido que desplazarse una, dos y hasta tres veces en un mismo año. Cada salida forzada implica una nueva declaración ante las autoridades, lo que, según la Personería de Cúcuta, se contabiliza como un desplazamiento independiente, aun cuando se trate de las mismas personas.
A esto se suma un problema aún más grave: el subregistro. Líderes sociales y defensores de derechos humanos advierten que miles de víctimas no han podido rendir declaración, especialmente aquellas que permanecen confinadas en zonas rurales, como ocurre en la Vereda Versalles y el corregimiento Filo El Gingo, caseríos de El Tarra, que fueron bombardeados en la Navidad pasada durante enfrentamientos entre el Eln y el frente 33 de las disidencias de las Farc.
Se estima que al menos 8.000 personas confinadas no figuran en los registros de la Unidad para las Víctimas, la Defensoría del Pueblo ni en las personerías municipales, lo que les impide acceder a la ayuda humanitaria inmediata.
Desplazados repitentes
Uno de los rostros de esta tragedia es el de Mariela*, madre cabeza de hogar, quien fue desplazada tras el asesinato de su esposo a manos del Eln, en enero del año pasado, durante la ofensiva que ese grupo armado desató contra el frente 33.
“Mi esposo no pertenecía a ningún grupo armado, solo se dedicaba a raspar coca para sostener a la familia”, relató.
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“En junio de 2024 ya nos habíamos desplazado por una advertencia del Eln a los raspachines en la zona rural de El Tarra. Luego, en enero, cuando lo mataron, tuve que salir nuevamente hacia Cúcuta con mis dos hijos”, contó.
Ante esta situación, la defensora del Pueblo, Iris Marín, reiteró el llamado a los grupos armados ilegales para que respeten a la población civil.
“Les hemos pedido al frente 33 y al Eln que abran un espacio humanitario y se comprometan con el respeto al derecho internacional humanitario. Esta guerra es de ellos, no de la gente”, afirmó tras participar en una comisión verificadora en el Catatumbo junto a la Iglesia Católica, Naciones Unidas, personeros, líderes de la Mesa Humanitaria y alcaldes de El Tarra y Tibú.
No obstante, líderes regionales insisten en que la respuesta institucional ha sido insuficiente. Judith Maldonado, exdirectora regional de la Unidad para las Víctimas y miembro de la organización Poder Paz, advirtió que el Catatumbo es “un hervidero” de lo que podría ocurrir en otras regiones del país.
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Maldonado hizo un llamado urgente al Gobierno nacional, señalando que hay miles de víctimas que no han podido declarar y que las entidades del Ministerio Público han incumplido su responsabilidad.
“La Unidad para las Víctimas no ha valorado ni registrado todo ese acumulado. Estas cifras son un subregistro. Más de 106.000 víctimas, casi la tercera parte de la población, y eso no es todo. Esto implica ayudas humanitarias inmediatas que no están llegando”, enfatizó.