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Así transcurrió la primera semana de clases en El Tarra y Tibú, en medio de la confrontación armada
El temor al reclutamiento forzado, las minas antipersonal y la confrontación son los motivos por los que los padres no envían a sus hijos al colegio.
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María José Salcedo
Sábado, 24 de Enero de 2026

Transcurrida la primera semana del calendario escolar oficial, el inicio de clases en Norte de Santander no se ha dado de manera completa, especialmente en la subregión del Catatumbo, donde la situación de orden público sigue afectando la cotidianidad de sus habitantes. Los enfrentamientos entre el Eln y las disidencias del frente 33 de las Farc continúan siendo determinantes en el acceso a derechos fundamentales como la educación.

De acuerdo con el balance entregado por la Secretaría de Educación departamental, la mayor afectación se registró en 19 sedes educativas pertenecientes a cuatro instituciones de los municipios de El Tarra y Tibú.

El informe señala que, tal como ocurrió hace un año tras una escalada similar de violencia, nuevamente se están presentando vulneraciones al derecho a la educación. En total, 763 estudiantes resultaron afectados, de los cuales 552 —equivalentes al 72 %— pertenecen a la Institución Educativa Filo El Gringo.


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Este establecimiento cuenta con 16 sedes, de las cuales 13 no pudieron iniciar clases de manera presencial, principalmente por el temor de padres y acudientes de enviar a sus hijos a los centros educativos ante los riesgos que supone el desarrollo del conflicto armado en la zona.

En Tibú, el impacto fue menor, aunque igualmente preocupante. Según la Secretaría de Educación, en la Institución Educativa Rural Horacio Olave, sede Miramontes, 70 estudiantes no asistieron de forma presencial. En la Institución Educativa La Gabarra, 42 alumnos de la sede La Paz tampoco pudieron iniciar clases, mientras que en el Centro Rural La Libertad, 99 estudiantes matriculados no asistieron a las sedes Caño Tomás, Caño Mariela, Villa del Carmen y El Socorro. En la sede principal de esta institución, los docentes recibieron presencialmente apenas al 50 % de los alumnos.

La virtualidad como aliada

La expectativa desde la Secretaría de Educación del departamento es que la situación pueda normalizarse con el paso de los días, para que todos los niños y jóvenes reciban sin contratiempos su formación académica.

Sin embargo, mientras las condiciones se dan, la alternativa vuelve a ser la virtualidad. 


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Como en época de pandemia, el método que implementan los docentes desde las diferentes instituciones y establecimientos es el envío de guías  virtuales para desarrollar en casa, con el compromiso de hacer tutorías a través del Whatsapp, esto por el tiempo que sea necesario hasta que las condiciones para un retorno seguro a las escuelas pueda darse. 

 

Niños caminan por un paraje rural en Norte de Santander.

 

Docentes en terreno

Leonardo Sánchez, presidente de Asinort (Asociación Sindical de Institutores de Norte de Santander), explicó que, a diferencia de los estudiantes, la totalidad de los docentes asignados a plazas en el Catatumbo se encuentra en terreno, aunque bajo un ambiente de incertidumbre por el accionar de los grupos armados.

“Los docentes nos han manifestado que hay una tensa calma, con el temor de que los actores armados puedan irrumpir en cualquier momento en los cascos urbanos, o que durante los desplazamientos por carretera se encuentren con retenes”, indicó el dirigente sindical.


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Sánchez señaló que el gremio reafirma su respaldo al proyecto Escuela, Territorio de Paz, el cual será presentado ante las comisiones de Educación y de Derechos Humanos de la Asamblea Departamental, con el propósito de que se reconozca la labor docente en zonas de confrontación armada, donde existen serias dificultades de acceso y de ejecución de los programas educativos.

“El objetivo es apartar a las escuelas, colegios y a la comunidad educativa en general de la confrontación y propiciar un clima de tranquilidad”, sostuvo.

Temor por el reclutamiento y las minas

El reclutamiento forzado y la presencia de minas antipersonal son dos de las principales razones por las que muchos padres de familia prefieren no enviar a sus hijos a clases, especialmente a los de mayor edad.

Así lo advirtió Luis Fernando Niño, alto consejero de Paz de Norte de Santander, quien indicó que incluso los niños más pequeños están expuestos a graves riesgos, como quedar en medio de enfrentamientos armados cerca de las instituciones educativas. 

“Esta situación tiene que ver con que no se están respetando las escuelas, las cuales, según el Derecho Internacional Humanitario, son bienes protegidos”, explicó el funcionario.

Niño reiteró su llamado a un cese inmediato de las hostilidades y al respeto del principio de distinción entre población civil y combatientes. “De lo contrario, lamentablemente seguiremos registrando este tipo de hechos”, advirtió.

Asimismo, señaló que en las mesas de diálogo con las disidencias de las Farc y con Vera Grave, interlocutora del Eln, se ha insistido en la necesidad de mantener y respetar corredores humanitarios para el ingreso de alimentos y misión médica. Sin embargo, denunció que persisten los retenes y el control a la población civil.  “Así es muy difícil llevar una vida cotidiana en medio de la guerra”, concluyó.


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