El censo de esta población
El secretario de Gobierno de Ocaña, Hugo Eduardo Guerrero, señaló que la administración tiene una caracterización de esta población y denunció la manera como se estaría manejando un negocio en el traslado de pacientes de otras regiones del país.
Aseguró que la solución no es tan fácil, ya que deben seguir un conducto regular y unos protocolos humanitarios estipulados por la ley.
“Han sido constantes los controles, el problema social viene de tiempo atrás y la administración actúa de acuerdo a los lineamientos básicos. Uno entiende la preocupación y debemos ser sensatos a la hora de tomar una determinación”, recalcó el funcionario.
Se estima que la cifra de habitantes de calle en este municipio es de 118 personas, pero esta población fluctúa de acuerdo con las circunstancias, puesto que unos se marchan y otros llegan.
En la etapa final de esos procesos muchos han expresado la voluntad de regresar a las ciudades de origen, mientras otros quieren ingresar a los centros de rehabilitación.
El secretario señaló que hasta el momento han adelantado cinco desalojos de habitantes de calle en distintos puntos del municipio. Sin embargo, advirtió que estas acciones solo han trasladado el problema a otros sectores, lo que ha incrementado la inseguridad en barrios cercanos. Indicó que las personas ya están identificadas y que, mediante un trabajo articulado entre las diferentes entidades, se espera poder vincularlas a los centros de rehabilitación para brindarles atención.
También se coordina con la Policía la detención de aquellas personas que inducen a los jóvenes al consumo. Y recordó que lo que buscan es que las personas una vez cumplan el tratamiento regresen a sus regiones y no vuelvan a la calle, pues advirtió que sospechan que el asunto lo están volviendo un negocio algunas personas.
“Si una familia ocañera tiene algún problema y necesita ingresar a un familiar a un centro de rehabilitación, nos encontramos con la sorpresa de que no hay cupos. La capacidad instalada es para 60 pacientes y 54 son de afuera, ya que los traen de otras zonas del país. El modus operandi es que cuesta a través de una IPS alrededor de 4 a 5 millones de pesos. La pregunta es: ¿Por qué es tan rentable traer personas de afuera y negarles a los locales?”, cuestiona Guerrero.
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Por eso, solicitó a las autoridades de salud de la región adelantar una investigación sobre este problema.
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