Los comerciantes advierten que el problema afecta directamente la economía popular, pues muchas veces las pérdidas recaen sobre vendedores de bajos ingresos que no tienen cómo recuperar el dinero perdido.
En la plaza de mercado, donde diariamente circulan miles de personas, algunos comerciantes han optado por adquirir detectores electrónicos, marcadores especiales y otros mecanismos para identificar billetes falsos. No obstante, reconocen que las nuevas tecnologías han permitido perfeccionar las imitaciones, dificultando su detección.
Neil Chinchilla, vendedor de pescado, explicó que la experiencia y el tacto se han convertido en herramientas fundamentales para identificar posibles fraudes.
“Nosotros ya conocemos la textura del papel, los detalles del billete y algunas señales extrañas, pero hay falsificaciones que son casi idénticas. La gente humilde es la que termina pagando las consecuencias”, señaló.
La comerciante Martha Vergel coincidió en que la revisión debe hacerse con detenimiento. Recomienda observar el color, las imágenes de seguridad, el relieve del papel e incluso el comportamiento de quien entrega el dinero.
“Muchas veces el nerviosismo del comprador termina delatándolo. Uno aprende a sospechar cuando la persona evita mirar a los ojos o busca distraer mientras entrega el billete”, comentó.
Por su parte, Nayib Carrascal aseguró que en su negocio utilizan dispositivos electrónicos que emiten señales para verificar la autenticidad de los billetes de alta denominación, especialmente los de 50.000 y 100.000 pesos.
Ante esta situación, los comerciantes hacen un llamado urgente a las autoridades para reforzar los controles, adelantar operativos de inteligencia y fortalecer las campañas pedagógicas que permitan a los ciudadanos reconocer billetes falsos y evitar caer en manos de estas redes delincuenciales.
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Mientras tanto, en la plaza de mercado de Ocaña, los vendedores continúan trabajando entre la incertidumbre y la desconfianza, revisando cuidadosamente cada billete que reciben, en un intento por proteger las pocas ganancias que dejan largas jornadas de trabajo.