La expulsión y el éxodo de religiosa
La decisión de retirarla del cargo llegó el mismo día de la muerte del pontífice. Sin una notificación formal ni oportunidad de defensa, la religiosa fue reemplazada por una nueva abadesa, de 81 años, que alegó actuar en nombre del entonces fallecido Papa. Días después, Aline abandonó el convento y 11 religiosas más decidieron huir, denunciando un ambiente de intimidación y desconfianza.
Pereira afirma que fue víctima de comentarios ofensivos por parte de figuras de autoridad dentro de la orden. “Me dijeron que era demasiado bonita para ser monja”, relató. Para ella, su juventud, nacionalidad y apariencia fueron utilizadas como excusa para desacreditar su labor.
Hoy, junto a las religiosas que la apoyan, intenta reconstruir su comunidad en una villa prestada por un benefactor. A pesar de que deberán renunciar formalmente a sus votos religiosos, insisten en seguir su vida de oración y servicio. “Amamos a la Iglesia. Comenzaremos desde cero, pero con esperanza”, expresó.
El caso, que ya ha sido cubierto por la cadena RAI y medios como Corriere del Veneto, podría incluso inspirar una producción cinematográfica. Mientras tanto, la hermana Aline lleva su apelación ante el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, el máximo órgano judicial del Vaticano. “No pido privilegios, solo justicia. Quiero que se aplique la ley”, concluyó.
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