Ya han pasado dos semanas desde que Alexandra Fernández, venezolana y madre de tres niños, pisó Villa del Rosario por primera vez. Atrás dejó a su pueblo Yaracuy. La mujer y sus hijos han logrado permanecer en tierra ajena gracias a la caridad que recibe de la casa de paso La Divina Providencia, ubicada en La Parada.
A Alexandra se suman 4 mil 499 personas más, entre venezolanos y colombianos, que desayunan y almuerzan en La Divina Providencia, donde entre avemarías y padre nuestros, 120 colaboradores se le miden todos los días a preparar alimentos y mantener aseado el lugar para recibir a visitantes y propios.
“Si no fuera por esa casa, no sé qué sería de nosotros, porque aunque mi marido logró un trabajo como albañil, lo que gana alcanza para la cena y para el pago de los 8 mil pesos de la posada diaria”, contó la venezolana.
El hogar de muchos
Diariamente, La Divina Providencia sirve 8 mil raciones de comida (desayunos y almuerzos) para los visitantes que acuden allí. Pero la atención de este lugar, llamado por la mayoría ‘el hogar de todos’, no es solo alimentaria, pues también brinda otros servicios.
“Ofrecemos servicios de salud, atención sicosocial, legal y de limpieza y belleza. Todos los que prestan servicios, médicos, sicólogos, abogados y estilistas, son voluntarios”, dijo Jean Carlos Carreño, coordinador de la casa de paso.
Este lugar sagrado, producto de un milagro de Dios, abre sus puertas a las 7 de la mañana; por él pasan, en promedio, 1.200 voluntarios mensualmente para servir a los más necesitados.
“Yo solo miro al cielo y agradezco a Dios que tengo salud para levantarme y salir de mi casa en el barrio Lomitas (Villa del Rosario) y venir hasta este lugar para alimentarme. La comida es muy rica, nos tratan muy bien”, dijo Carmenza López, una anciana solitaria que acude todos los días a La Parada por el desayuno y el almuerzo.
Todos ayudan
Gracias a la bondad de empresarios, multinacionales y oenegés, la misericordia sigue creciendo cada día.
Lo que comenzó como una olla de caridad de la mano de los sacerdotes José David Caña, Hugo Suárez y Eduar Támara, hoy cuenta con más de 800 parroquias involucradas entre ambos países y cinco organizaciones internacionales que apoyan el comedor.
Esta semana, el Colegio San Viator de Bogotá estuvo presente en La Divina Providencia, con el ánimo de ayudar y de recibir el ejemplo para replicarlo en la capital colombiana.
“Estamos acá porque queremos ayudar. La idea es invitar a otros colegios en Bogotá para que ayuden. Estamos comprometidos con esta obra porque la hemos visto crecer, vemos que los recursos son bien manejados y eso nos bendice en gran manera”, dijo el padre Albeyro Vanegas, director del colegio San Viator, en Bogotá.
El padre que creyó en un milagro

Que Villa del Rosario sea hoy el hogar de muchos venezolanos que huyeron y siguen huyendo del régimen de Nicolás Maduro, ha sido gracias a la fe de un hombre que creyó en un milagro.
Se trata del padre José David Caña Pérez, de 42 años, oriundo de Gamarra (Cesar) y quien desde sus 12 años vive en Cúcuta.
Su amor por ayudar al prójimo fue lo que lo llevó a tomar, a sus 14 años, la decisión de dedicar su vida al sacerdocio, la misma que lo llevó a visitar Europa y comprobar que su obra, la que inició con una olla de sopa para 200 personas, hoy tiene un alcance internacional.
“Nadie imaginó que íbamos a dar la comida que estamos dando hoy. Pero la palabra de Dios dice en Deuteronomio 28, ‘bendeciré tu tierra para bendecir tus tareas y para que ayudes a las naciones y no tengas que fiar’, eso es lo que he visto en la casa de paso y se ha cumplido”, dijo el padre David, como le dicen de cariño.
Y añadió: “Estoy recién llegado de Europa y nunca me imaginé que con una ollita iba a dar tanta bulla en el mundo. Mientras estuve en España, el conductor de un taxi nos preguntó de dónde veníamos y apenas dijimos que de Cúcuta, nos dijo 'allá hay una obra de caridad que ayuda a los venezolanos’, y al decirle que era yo, enseguida me empezó a tomar fotos, fue impresionante. Luego me pasó en otro lado, donde alguien me preguntó ‘¿usted no es de Cúcuta, el padre que he visto por las redes sociales?”.
El sacerdote asegura que el éxito de la casa de paso ha radicado en la simplicidad y el orden.
“Hemos vencido la corrupción y la burocracia. Acá los recursos los maneja la Diócesis y tenemos un coordinador y otros colaboradores más muy eficientes. He visto cómo nacen y nacen fundaciones que duran unos cuantos meses y luego desaparecen, porque designan tantos cargos, que las cosas no funcionan. Nosotros hemos funcionado muy bien y eso ha hecho que la gente se entusiasme y done”, finalizó el padre.
