En Valledupar, donde el acordeón marca el pulso de la tradición, una niña nortesantandereana se abre paso con firmeza entre los grandes nombres del folclor.
Ana Paula Leal Caicedo, de apenas 11 años, representa a su departamento en la categoría Acordeonera Menor del Festival de la Leyenda Vallenata 2026, uno de los escenarios más exigentes y emblemáticos de la música vallenata.
Nacida en Pamplona y residente en Chinácota, Ana Paula no es ajena a las tarimas. Desde los cinco años encontró en el acordeón una extensión de sí misma, y desde entonces construye un camino marcado por la constancia.
Su participación en esta edición del festival, que rinde homenaje a Israel Romero, Rafael Orozco y al El Binomio de Oro, no es casualidad, sino el resultado de años de preparación.
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La competencia arrancó el 25 de abril y se extenderá hasta el 2 de mayo. En ese recorrido, la joven acordeonera ya ha superado varias pruebas que ponen a prueba tanto la técnica como la resistencia.
Su debut fue en el centro recreacional La Pedregosa, donde interpretó los aires de paseo y merengue. Al día siguiente, enfrentó los ritmos de son y puya, y posteriormente avanzó a una segunda ronda en la que tuvo que demostrar dominio integral en los cuatro aires tradicionales del vallenato.
Hoy, su nombre figura entre las semifinalistas. La jornada inicia desde temprano, a las 8:00 de la mañana, y en la tarde se definirá si su talento la lleva a la gran final.
Más allá del resultado, su presencia ya es significativa: una niña nortesantandereana defendiendo el legado cultural en el corazón del vallenato.
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“Representar mi departamento siempre me llena de alegría”, afirmó la pequeña acordeonera con serenidad. Su voz, aunque infantil, transmite seguridad. Para ella, portar la bandera de Norte de Santander es un compromiso que asume con orgullo y responsabilidad.
Su preparación no es improvisada. Desde noviembre, bajo la guía de la academia Yorguin Pineda, ha sostenido jornadas intensas de ensayo.
“Es un proceso de meses, incluso de años. Esta es la quinta vez que me presento”, contó. El mayor reto, admitió, es la distancia: el viaje largo desde su tierra hasta Valledupar. Sin embargo, ese cansancio se disipa apenas entra en contacto con el ambiente del festival.
En tarima, su estilo tiene un sello particular. Aunque debe interpretar paseo, merengue, son y puya, hay un aire que la apasiona especialmente: la puya.
“Ahí puedo mostrar mi destreza. Mi fuerte es la digitación y me siento muy cómoda tocándola”, explicó.
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Esa habilidad técnica se complementa con una selección de repertorio que combina clásicos del vallenato con composiciones propias, lo que le permite también mostrar su identidad artística.
Entre las piezas que lleva a concurso figuran obras de grandes juglares como Emiliano Zuleta Baquero, Leandro Díaz, Rafael Escalona y Alejo Durán, junto con composiciones propias como A nadie le tengo miedo y Las nortesantandereanas.
Esta mezcla refleja no solo respeto por la tradición, sino también una apuesta por construir un camino propio dentro del género.
Ana Paula ya sabe lo que es ganar. En 2024 se convirtió en la primera reina vallenata del concurso Acordeón Infantil El Pilón, un logro que marcó un antes y un después en su trayectoria. Hoy, en Valledupar, busca consolidar ese crecimiento en una competencia de mayor nivel.
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Lejos de casa, el apoyo se vuelve fundamental. “Es difícil estar lejos, pero siento el cariño de mi gente”, dijo.
Su mensaje para Norte de Santander es claro: unión. Sueña con ver más paisanos acompañándola, haciendo sentir su presencia en cada presentación.
Antes de subir al escenario, su ritual es sencillo pero poderoso. “Fe en Dios y confío en mí”, resumió. Esa frase, que repite como un mantra, refleja la tranquilidad con la que enfrenta cada ronda. Para ella, el talento es un don, pero el resultado depende de la disciplina.
En medio de acordeones, aplausos y la exigencia de un festival que ha visto nacer a leyendas, Ana Paula Leal escribe su propia historia. Una historia que, más allá de premios, ya suena con fuerza en nombre de Norte de Santander.
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