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Dulcemaría Sánchez: de Norte de Santander a la gran vitrina de la FILBo
La joven escritora presentó su primer libro en Bogotá, consolidándose como una nueva voz de la poesía juvenil colombiana.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Miércoles, 29 de Abril de 2026

A sus 14 años, Dulcemaría Sánchez Balmaceda ya entiende el poder de las palabras. No solo las escribe: las siente, las cuestiona y las transforma en una herramienta para expresarse frente al mundo.

Nacida en Pamplona, Norte de Santander, esta joven escritora comienza a abrirse camino en el panorama literario con Rebelde Revolución, su primer poemario, una obra que condensa más de 200 textos escritos desde que tenía 12 años.

Estudiante de noveno grado en la institución educativa La Presentación de Ocaña, Dulcemaría combina su vida académica con una intensa actividad creativa que la llevó recientemente a uno de los escenarios más importantes del país: la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), donde presentó su libro ante lectores, escritores y curiosos que se acercaron a conocer su propuesta.

Publicado por Escritores Noveles Editorial y lanzado oficialmente el pasado 21 de marzo, en el marco del Día Mundial de la Poesía, Rebelde Revolución es un libro físico de 260 páginas que recoge pensamientos, emociones y reflexiones propias de una adolescente que observa el mundo con sensibilidad y carácter. La obra, más que un conjunto de poemas, es una declaración de identidad.


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“La poesía llegó a mi vida hace más o menos cuatro años, gracias a un libro que me estaba leyendo. Ahí sentí que, así como Mario Benedetti, yo también podía canalizar lo que sentía a través de las palabras”, contó la nortesantandereana, quien reconoce en la literatura una forma de transformar sus emociones en arte.

Desde entonces, escribir se convirtió en una necesidad. Su primer poema, titulado La representación del mal, marcó un punto de partida decisivo. “Lo escribí en unas circunstancias extremas, pero fue ahí donde entendí que lo mío era la escritura”, recordó.

El título de su libro no es casual. Para ella, cada verso representa una forma de resistencia. “Rebelde Revolución nace porque siento que mis palabras son eso: una rebeldía, una manera de llevarle la contraria a muchas cosas. Hoy en día, ser rebelde también es expresar lo que uno siente”, explicó. Y agregó que, más allá de su connotación negativa, conceptos como rebeldía y revolución también hablan de transformación, crecimiento y cambio.


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Su proceso creativo no responde a esquemas rígidos. La joven escritora escribe “sobre la marcha”, guiada por lo que siente en el momento. No hay horarios ni rituales definidos: las ideas simplemente aparecen.

“Puedo estar en clase de matemáticas y si me llega una idea, necesito escribirla. Es algo que nace desde el corazón”, dijo.

Esa espontaneidad se traduce en una escritura cercana, en la que cualquier lector puede verse reflejado. Ese, de hecho, es uno de sus principales objetivos: generar conexión.

“Quiero que quien lea el libro se sienta comprendido, escuchado. Que al menos en uno de los más de 200 poemas alguien diga: esto habla de mí”, aseguró.

Sus influencias literarias también marcan su estilo. Autores como Mario Benedetti y Jane Austen hacen parte de sus lecturas habituales, aunque confiesa una especial admiración por las escritoras.

“Me gusta leer sobre mujeres porque me inspiran, me hacen pensar que yo también puedo llegar a ser tan grande como ellas”, afirmó.


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Más allá de la poesía, Dulcemaría explora otros géneros. Escribe columnas de opinión sobre temas como feminismo, política y deporte, y actualmente trabaja en una novela juvenil.

Su interés por la literatura convive con otras expresiones artísticas como la pintura, el dibujo, la música y el baile, lo que refuerza su identidad como una creadora integral.

El paso por la FILBo es, según cuenta, una de las experiencias más significativas de su corta pero prometedora carrera.

“Fue algo muy bonito. Me sentí muy bien recibida, conocí autores increíbles y aprendí muchísimo. Además, fue una oportunidad para darme a conocer y crecer como escritora”, relató.

A pesar de su edad, la pamplonesa tiene claro su propósito. Más allá de vender libros, su meta es dejar huella.

Mi sueño es ser Nobel de Literatura, pero más que eso, quiero que lo que escribo llegue a diferentes personas, que toque corazones y deje un mensaje”, expresó con convicción.

Así, entre cuadernos, clases y versos que nacen sin aviso, Dulcemaría Sánchez Balmaceda demuestra que la literatura no tiene edad. Su voz, aún joven, ya resuena con fuerza como una revolución interior que apenas comienza.



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