El remolino de acontecimientos en Venezuela deja hasta al momento al régimen chavista de Nicolás Maduro atornillado en el poder gracias a las manipulaciones fraudulentas de las elecciones y a una oposición en pie de lucha por la defensa de la libertad en este país de 30 millones de habitantes.
Las protestas ciudadanas en reclamo para que su voluntad popular expresada en las urnas sea respetada empezaron a recorrer el territorio de esa nación, en medio de llamados a evitar la represión contra estas manifestaciones.
Al tratarse de una reacción espontánea confirma el hastío de la población contra un gobernante desgastado que no representa los intereses de las mayorías y que perdió el rumbo frente al pueblo que dice defender, pero que hoy sufre de hambre, no cuenta con las garantías democráticas necesarias y cuya única vía que ha encontrado para supervivir es la de migrar.
Preocupa el hecho de que el reelecto Maduro ahora juegue a una especie de ‘autoaislamiento’ con la cual muestra su desprecio a las inquietudes de diversos gobiernos en torno a la transparencia de los resultados electorales del 28 de julio, los cuales reclamaron que haya transparencia y respeto a la decisión tomada por los venezolanos que acudieron a las urnas.
Un Maduro, que cuando Chávez fue su canciller, dándole un portazo a la comunidad internacional con la expulsión de las misiones diplomáticas de siete países de los cuales también sacará a sus embajadores, es la clara manifestación de que ha radicalizado su posición dictatorial.
Una absurda salida de esa naturaleza es también indicador de que a nivel interno las cosas empeorarán y que todo puede terminar en que el régimen
siga gobernando hasta el 2031 y que los oídos sordos persistan, la opresión se intensifique y el poder chavista se fortalezca. Situaciones de esta naturaleza y generadas por un modelo que cumple 25 años en el poder que para el caso venezolano ha degenerado en una multicrisis histórica con un éxodo masivo, solo permite pensar en que una de las formas de apoyar al golpeado pueblo venezolano es mediante las determinaciones de gobiernos extranjeros para debilitar al régimen.
En ese sentido el expresidente y candidato presidencial estadounidense Donald Trump, se posiciona Estas manifestaciones de protesta, al tratarse de una como un firme defensor del restablecimiento de la democracia y el orden en el país sudamericano.
Trump ha sido claro en su postura contra el régimen de Nicolás Maduro, señalando que impondría sanciones más severas en un eventual segundo mandato. Durante su presidencia, Trump ya había implementado fuertes medidas contra el gobierno venezolano, entre ellas las órdenes de captura contra altos funcionarios, incluido el propio Maduro, quien enfrenta cargos en Estados Unidos.
Trump promete continuar esta línea dura, argumentando que solo a través de una presión internacional firme y sanciones más estrictas se podrá devolver la democracia a Venezuela. Con un posible retorno de Trump a la Casa Blanca, se espera que Estados Unidos juegue un papel decisivo en la recuperación del orden y la justicia en Venezuela, apoyando a la oposición.
Una absurda salida de esa naturaleza es también indicador de que a nivel interno las cosas empeorarán y que todo puede terminar en que el régimen y fortaleciendo las medidas restrictivas económicas y comerciales para obtener objetivos políticos contra el régimen de Maduro.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion
