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Editorial
Un sueño llamado ascenso
Hay que unirnos en esa alentadora esperanza de que el sueño del ascenso se transforme en una alegre realidad.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 1 de Diciembre de 2025

¿Será que ascenderemos o nos quedaremos otra temporada en la B?, es la disyuntiva de una afición -destacada siempre como la mejor del país- frente al futuro cercano del histórico Cúcuta Deportivo que ya no merece estar más ahí.

Hay que unirnos en esa alentadora esperanza de que el sueño del ascenso se transforme en una alegre realidad sobre la cual se edifique, posteriormente, un compromiso sin jugadas por debajo de la mesa ni nada que se parezca.

Este momento que surge desde lo futbolístico debe motivar a los habitantes de Norte de Santander hacia por lo menos tres metas de ensueño, en ese campo, obviamente son olvidar si no asciende, hay que barajar otras opciones.

Entendiendo que el equipo es un activo emocional de la región, lo primero es apoyar a los jugadores y al cuerpo técnico para que logren el objetivo de estar en la primera división bien sea directamente o por repechaje.

En segundo lugar, una vez alcanzado el objetivo, hay que pasar a reclamarles a los dueños la adopción de estrategias deportivas, económicas y empresariales para que el ascenso no vuelva a ser flor de un día, la desilusión vuelva dentro de un año. Hay que persistir en la insistencia en que debe ser algo serio, estructurado y sin zonas grises.

El Cúcuta Deportivo, para decirlo en otras palabras, así como les produce utilidades al o los dueños, pues ha llegado el momento de que entre a ser un conjunto de respeto en la A, porque ya permanecer en la B causa hastío y desestímulo.

Aunque muchos especialistas afirman que los equipos se rigen como empresas privadas, la afición y la región no deben consideradas ni tratadas como convidados de piedra porque como dijimos antes se trata de un activo emocional.

Y el tercer gran asunto a poner sobre el tapete si el Cúcuta sube a la primera división, es hacerle inmediatamente una intervención al estadio General Santander para que sea un 'coloso de la A', haciéndole las inversiones que se requieren para mejorar la cantidad de problemas que tiene.

Hasta ahí va el escenario positivo que todos quieren alcanzar como regalo anticipado de Navidad, pero si las cosas no se dan, el cuadro que surge es de decepción absoluta ante la paradoja de que la mejor afición futbolera de Colombia no tiene un equipo de las calidades, cualidades y condiciones que se merece esta zona del país. Y ahí habría que dejar en el terreno de juego un par de preguntas: ¿Ante un probable nuevo fracaso venderían el equipo? ¿Cabe alguna opción o tenemos que seguir soportando esta situación?

Sería lamentable y decepcionante que el rojinegro siga caído y que la más importante ciudad en la frontera con Venezuela deba ver  a lo más granado del fútbol profesional colombiano por televisión. Esperemos que esta caótica pesadilla no vaya a cruzar los límites de la realidad. 

Para finalizar y con la camiseta rojinegra cubriendo nuestros corazones, la esperanza es que así como se ha tejido esta ilusión de escribir la A en mayúscula, hagamos lo mismo con igual o más empeño para buscar el desarrollo de la región nortesantandereana.


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