Preocupante que Norte de Santander en esta temporada pandémica siga recibiendo el mismo tratamiento que cuando vivíamos en la era normal, es decir, que sus complicaciones y problemas le sean resueltas a cuenta gotas y a ritmo muy lento.
Contundente y muy diciente lo expuesto por el gobernador Silvano Serrano en el sentido de que el departamento solamente ha recibido $1.300 millones de las sumas prometidas por el presidente Iván Duque para el manejo de la crisis generada por el coronavirus.
Además, esa plata es para fortalecer el laboratorio de salud pública del departamento y en el que se anunciado que harán pruebas de la COVID-19 que hasta el momento también siguen en veremos.
Delicado que esta región fronteriza con una variedad de inconvenientes en los órdenes social, económico y migratorio, ahora se encuentre prácticamente sola en esta pelea sanitaria contra el coronavirus, porque aunque los anuncios de respaldos y asignaciones económicas a las regiones hacen ver una frondosa chequera, a la hora de la verdad aquí no ha llegado nada de lo enunciado.
Por ejemplo, y en un hecho que encierra mucha gravedad, sigue sin saldarse la deuda de $64.000 millones con el Hospital Erasmo Meoz por la atención a los migrantes venezolanos. Aunque en su programa de televisión de todas las tardes el presidente de la República prometió seis billones de pesos para pagarles a los centros asistenciales del país, esto no ha sido posible.
Aunque el viceministro de Salud, Luis Alexander Moscoso, aseguró que el dinero ya se les estaba girando a las EPS para que ellas les enviaran esos recursos a los hospitales, sigue en evidencia que ni al Meoz ni al Emiro Quintero Cañizares les han hecho llegar los dineros esperados.
Significa entonces que los males que afectaban a la cuestionada intermediación en la salud para el manejo de los recursos siguen igual o peor que antes de la pandemia, situación que puede acarrear graves consecuencias en un eventual desbordamiento de la capacidad instalada hospitalaria para atender a los pacientes con coronavirus.
Por el momento, y mientras el enmarañado sistema permite que las EPS y el Ministerio de Salud se acuerden que hay un departamento que se llama Norte de Santander y al que hasta un día antes del ataque de la COVID-19 se le solucionaban a medias su peticiones, la Gobernación le asignó al Erasmo Meoz $14.800 millones por concepto de la estampilla prouniversitaria y atención a migrantes.
Y eso es lógico porque Cúcuta y el área metropolitana en su condición de zona de frontera deben de contar con un esquema especial de contingencia sanitaria para afrontar este virus, que teniendo en cuenta lo expuesto por el mandatario seccional y dirigentes políticos, la región está afrontando sola y con sus recursos propios esta emergencia.
Entendiendo que en esta era del coronavirus quejarse y quedarse esperando de brazos cruzados no es la mejor opción, ojalá no vayan a ponernos tropiezos o talanqueras a un proyecto de regalías por $9.400 millones para disponer camas UCI en Ocaña, Pamplona y Tibú.
En medio de esta tormentosa e inédita situación, bien tienen la razón quienes se quejaron ante el viceministro Moscoso porque al departamento, que en su gran mayoría está soportando toda la crisis migratoria de Venezuela, solo le han girado $1.300 millones.
Viendo esto que nos pasa, la gran tarea regional en el tiempo del pos-COVID-19, es hacernos fuertes y hacernos sentir todos unidos ante las esferas centrales y se acaben las actitudes displicentes con esta zona fronteriza.
